Adiós, posverdad: que tengas un mal viaje

Tiempo de lectura: 3 minutos

Mentir siempre fue mentir. No se hace. Lo aprendimos en la escuela. De mayores supimos que hay quien lo hace de forma habitual. Hace unos años, los trileros de la palabra le dieron a su trampa un nombre más molón: posverdad. Y además consiguieron dotar al palabrejo de cierto glamour. La mentira se ponía de tiros largos…

Dice la RAE que la posverdad es una “distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales”. Y Wikipedia, que es “una mentira emotiva”.

“Mentira emotiva”, como si ese apellido dignificara lo que es un puro engaño. La regla número uno de quienes nos dedicamos a la comunicación es no mentir. Jamás. Si la rompes, pierdes esa partida y algo más: tu crédito. Y por el camino, tu integridad, tu mayor valor.

Las ‘fake news’ (noticias falsas) y la ‘post-truth’ (posverdad) fueron las reinas del baile de la actualidad en 2016 y siguieron danzando con cierto éxito después. Hasta hoy. La gasolina que usaban para correr por nuestras pantallas se les acaba. ¿Por qué? Porque una vez recibidos los goles en contra, marcas, redes sociales y lectores se mueven. ¿A quién le interesa que existan estas mentiras? Solo a dos actores: quienes quieren con ellas manipular la opinión pública a su favor y quienes las usan para fomentar el ‘clickbait’ (noticias cebo), para ganar tráfico a sus medios y, con ello, facturar más por anuncios.

Sí, también hay lectores que son felices leyendo un mundo que sienten más cercano a sus creencias aunque no sea real. Pero esos lectores son el producto, los pares de ojos que las redes sociales venden a las marcas. Y estas se hartaron. Saben que no pueden poner su reputación al lado de mentiras, pues con ello apoyan un mundo sucio y se vinculan a lo peor. Los lectores que aborrecen la mentira también las presionan para que huyan y dejen de apoyarla.

¿Y las redes sociales…? Si tienes un bar en el que cada noche hay gente que se insulta entre sí y se forman peleas, tu ambiente se convierte en tóxico. Tus clientes se irán. Las redes sociales son esos bares y a golpe de crisis van aprendiendo que si no borran las mentiras, Facebook o Twitter desaparecerán como lugar donde entrar a aprender, ver información y conversar. Y también perderán a quienes pagan la juerga, los anunciantes. La posverdad pone en riesgo el modelo de negocio de las tuberías por las que circulan -las redes sociales- y la reputación de quienes financian esas tuberías –las marcas-.

Y hoy las marcas, más que nunca, solo pueden ser sociales. El 91% de los españoles quiere que las marcas sean valientes y ayuden a solucionar los problemas de la sociedad, según el estudio “Marcas con valores”. En un mundo de cristal, no hay lugar para la mentira. Así que a la posverdad le espera el mismo destino que tuvo el SPAM: seguirán existiendo las ‘fake news’ pero pasarán a ser irrelevantes, como esos miles de correos que aún pululan por la Red y que apenas ves, convertidos en un numerito, en tu bandeja de SPAM.

Las palabras “sinergia”, “líder” o “emprendedor” tuvieron su ratito de gloria: en distintos momentos, no había nota de prensa que no tuviera bien destacada la palabra que en cada momento se hacía imprescindible. Reinaron y hartaron, como lo hará “posverdad”.

En 2019 nos empezaremos a librar de ella y emergerá la nueva reina del baile de la comunicación, a la que todos iremos a rendir culto. Volveremos al runrún de quienes se angustian por no saber lo que significará, al mareo de quienes teoricen sobre el nuevo palabro y a la sobredimensión que terminará en otra burbuja que explote.

Pero eso será dentro de un tiempo. Hoy es momento de despedir a la sucia posverdad como merece: con profundo desprecio. Ojalá que no te vaya bonito, ni a ti ni a quienes te usaron como arma contra la realidad, la honradez y la verdad. Adiós, posverdad: que tengas un mal viaje.

Este artículo se publica estos días en el Anuario Dircom, para el que me pidieron que colaborase con mi opinión sobre la posverdad. El anuario es un gran trabajo en el que se analiza el perfil del comunicador, las 5 tendencias de la comunicación futura y se enriquece con artículos de opinión de comunicadores, como el que acabas de leer. Por cierto, tienes mi artículo maquetado aquí:

Artículo de Pablo Herreros sobre la posverdad para el Anuario de Dircom 2018

Artículo de Pablo Herreros sobre la posverdad para el Anuario de Dircom 2018

Pablo Herreros

Pablo es periodista y bloguero. En sus ratos libres trabaja como socio-director de Goodwill Comunicación, empresa que no se libra de él desde 1994. Activista perdido, él cree que El poder es de las personas -hasta escribió un libro con ese título- y cuando sea mayor aspira a escaparse a bailar flamenco y a volver más veces a su querida Nueva York.

0 Comentarios

Aún no hay comentarios

No hay comentarios todavía, pero puedes ser el primero en hacerlo.

responder

Tu correo electrónico no será visible. Los campos requeridos están marcados*

Uso de cookies

Me obligan a molestarte con la obviedad de que este sitio usa cookies. + info, pincha el enlace para más información.

ACEPTAR
Aviso de cookies