El Perfume: historia de un (patrocinio) asesino

Con la gala de los Goya 2017 a la vuelta de Navidad, pende sobre el mundo del cine una sombra que recuerda poderosamente al protagonista de la famosa novela de Patrick Süskind.

Tiempo de lectura: 4 minutos

¿Imaginas que la Fórmula 1 la patrocinase Desguaces Latorre, un negociete dedicado a comprar y vender piezas de coches para el arrastre antes de convertirlos en chatarra? ¿O que el evento gourmet gastronómico Madrid Fusión tuviese a McDonalds de patrocinador? Algo así es lo que ha pasado los dos últimos años con la gala de los Goya, la cita en la que el cine español nos quiere enamorar de sus productos. Lo gracioso es que este próximo febrero, la cosa se acaba de poner para que se te salten las lágrimas a cuajo. Agárrate, que vienen curvas. Fíjate en el suelo de esta foto:

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¿No estarías mirándole el culo a Amaia Salamanca, verdad…? El suelo, te dije el suelo ;). Como ves, el patrocinador principal de los Goya 2016 (y en los de 2015) fue la empresa de perfumes Saphir. ¿A que no te suena? Pues claro. ¿Sabes a qué se dedican? A hacer perfumes que exhiben en una estantería en tiendas, en la que solo hay un numerito que identifica a cada fragancia y una lista de nombres conocidos -que tiene el profesional de la tienda- que te dice la equivalencia de esas fragancias con las marcas originales de perfumes a los que se parece sospechosamente (con la diferencia de que las de Saphir se venden a 10€ los 150ml).

O sea, que el evento que muestra a los creadores de contenido original para el cine, los Goya, se dejan patrocinar por una empresa que se dedica a piratear a quienes hacen creaciones originales en el mundo del perfume. No lo digo yo: Saphir ya fue condenada por publicidad ilícita y expulsada de la asociación que agrupa a todas las empresas de perfumes originales.

Para más inri, los premios del cine son una pasarela en la que esas mismas empresas invierten financiando el maquillaje (Chanel) o la peluquería (L’Oreal) de todos los asistentes, además de que cada estrella es vestida por una de esas casas de moda, que son todas dueñas de marcas de perfume con las que hacen su principal negocio.

Es normal que hace unos días, en una entrevista en El País, a la nueva presidenta del cine, Yvonne Blake, le preguntasen esto:

P. ¿No es contradictorio que los Goya sea patrocinados por una empresa de perfumes acusada de copiar a otras firmas?

R. Bueno, están en juicios. No están condenados. Y el perfume que este año lanzan con los Goya, Audrey, es original.

Esa respuesta es la definición perfecta de “agarrarse a un clavo ardiendo”. A la pobre mujer le han debido de amargar la cena anoche, pues Saphir ha sido condenada ayer por el Tribunal Supremo por plagio y tendrá que indemnizar a la compañía de perfumes Puig por competencia desleal.

El dilema moral es de los que se resuelven de un plumazo. Si eres la Academia del Cine, solo puedes decir: no, punto. Claro que no nos puede patrocinar alguien condenado por piratear las creaciones de otros. Pero la presidenta del sector ya dio pistas de su postura ante ese dilema cuando adujo: “Si no hay más patrocinios, puede que no haya premios Goya“.

Álex de la Iglesia se despidió como presidente enfrentándose de forma valiente a todos sus colegas en aquel épico discurso en el que les intentó hacer comprender que vivían fuera de la realidad. Pasaron casi seis años y a él lo siguieron en el cargo González Macho y Antonio Resines, dos personas alérgicas a innovar. Ahora a los pobres cineastas les ha caído en suerte una señora que ante el mayor riesgo de hundimiento de su barco, opta sin dudarlo por abrir las compuertas de todos los camarotes para que se les llene el casco de agua.

El cine lleva años doliéndose de que les pirateen sus creaciones, y hacen de ello una comprensible lucha moral en la que intentan concienciar a los españoles de que hagan un consumo responsable y paguen por ver el contenido original en cines o en plataformas de cine en casa. Es lo lógico. Pero si quieres que quien tiene el poder del cambio -el espectador- empatice con tu problema -la piratería- tendrás que demostrarle que si apelas a su consumo ético, tú eres el primero en hacerlo todo desde los principios.

Lo contrario no se entiende. Es como si el ministerio de Hacienda pusiese todo su foco en convencernos de que que “Hacienda somos todos“, para que nadie defraudase, y luego dijese el gobierno que en realidad esa frase es solo publicidad. ¡Uy, qué mal ejemplo he puesto!

Saphir y la Academia del Cine ya tienen acordado el patrocinio de los Goya 2017. Pero me da en la nariz que de aquí a febrero, el olor del patrocinador puede hacer estragos en esa gala. Si no se cambia de aroma, los Goya y el cine español corren el riesgo de morir asesinados como murieron las víctimas de Jean Baptiste Grenouille, a las que mató por El Perfume.

Actualización del 15/12/2016 a las 23h 27′:

La academia de cine mantendrá a Saphir como patrocinador de los Goya. Lo dicho: hay personas que son capaces de tener un elefante ocupando toda su habitación y seguir haciendo como que no lo ven. De esta crisis y falta de credibilidad y de empatía hacia el cine, no se sale precisamente apoyando que no hay quien defienda desde la más elemental ética. Que la suerte os acompañe ;).

Actualización del 19/12/2016: He empezado a hacer análisis de comunicación en vídeo. Y en el primero hago balance de este tema, una vez conocida la decisión de la Academia de seguir adelante con este curioso patrocinador:

Fotos: Lainformación.com

Pablo Herreros

Pablo es periodista y bloguero. En sus ratos libres trabaja como socio-director de Goodwill Comunicación, empresa que no se libra de él desde 1994. Activista perdido, él cree que El poder es de las personas -hasta escribió un libro con ese título- y cuando sea mayor aspira a escaparse a bailar flamenco y a volver más veces a su querida Nueva York.

5 Comentarios

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    Juan Carlos diciembre 15, 2016

    Que buen articulo Pablo …. Es una costumbre muy extendida en España. Que fácil es predicar y que difícil ser consecuente con lo que predicas….

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    Pepe diciembre 15, 2016

    Si para la academia los que no piratean películas, pero se lucran con la publicidad que sirven al publicar los enlaces, son delincuentes, ¿que son los que no piratean perfumes, pero se lucran con su publicidad?

    No solo es una cuestión de dilema moral, es que están haciendo exactamente lo mismo por lo que pretenden que a otros se les condene.

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    Juan diciembre 15, 2016

    Pa mear y no echar gota

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    Alexander diciembre 16, 2016

    Espérate, a ver si lo he entendido: ¿Me estás diciendo que los mismos cineastas que llevan años llorando que la piratería se carga la industria, aceptan el dinero de alguien que se dedica a ello profesionalmente? ¿En serio? Es surrealista.

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    Cristina Inglada Fernández diciembre 18, 2016

    Interesante¡¡¡¡¡ Un ejemplo perfecto del elenco de descerebrados que dirigen y toman decisiones en instituciones y organismos, sin el más mínimo sentido común (ya sabemos que es el menos común).

    Además el caso tan tan obvio, chocante, evidente, vergonzoso….. que asusta la seguridad que da la ignorancia de esta directora (esto siempre lo decía tu hermano Javier).

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