En vez de preocuparse de los corruptos, el Senado quiere matar al mensajero

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¿Sabes por qué viste el Golpe de Estado del 23F con tus propios ojos? Porque un profesional de TVE siguió grabando, pese a que los guardias civiles les pidieron que apagasen la cámara. Volemos en el tiempo ahora 35 años:

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¿Qué dice ese mensaje que captó un fotógrafo de La Razón el pasado 15 de marzo? Es la presión de una presunta corrupta -Rita Barberá- a un cargo de su partido, para que no le metan mano. Hablamos de una presunta delincuente que, en vez de explicar cómo han blanqueado dinero, se permite el lujo de dar ruedas de prensa en las que amenaza veladamente con disparar el ventilador. Ahora viene la noticia de hoy (pincha en el título para verla entera):

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El Senado, en el que el Partido Popular tiene mayoría absoluta, no solo prohíbe los teleobjetivos sino que ha cerrado la zona desde la que se hizo esa foto e impide que los fotógrafos vuelvan a disparar su luz periodística desde ahí.

¿El objetivo? Parece que no es la transparencia, sino evitar que se pille a nuestros representantes haciendo cosas vergonzosas en su lugar de trabajo. En lugar de indignarse porque una diputada juegue al Candy Crush desde la Presidencia del Congreso, o en lugar de suspender de militancia a una senadora que, presuntamente, ha cometido ilegalidades intolerables, el Senado se indigna con quien lo cuenta. No les preocupan las malas conductas de nuestros senadores, sino matar al mensajero.

El lugar donde se tomó la foto del iMessage de Rita Barberá es un lugar público, en el que todo lo que sucede puede y debe ser grabado. Si ella quiere chantajear a los suyos, quizá debería elegir un lugar privado para hacerlo, y no el sitio en el que los ciudadanos la pagamos por hacer cosas buenas para nosotros.

Volvamos a la noticia de la prohibición de los teleobjetivos. ¿Quiénes se han creído que son los representantes públicos para decidir el calibre del objetivo de un fotógrafo que informa desde el Senado? Degradar la calidad de la información e ir contra la tecnología es la manera que tienen algunos de ser contundentes contra la corrupción. ¿Qué será lo siguiente? ¿Obligar a que las fotos estén pixeladas? Bien.

El problema no es que haya periodistas que lo cuenten, no. Nuestro problema, el de los españoles, es que haya diputados o senadores que, en vez de trabajar para los ciudadanos, jueguen al Tetris, al Apalabrados o al tenis en el móvil, vean páginas porno mientras una diputada defiende una iniciativa a favor de las mujeres maltratadas, o usen sus escaños para recibir informes confidenciales sobre la propia investigación sobre su particular caso de corrupción (ese diputado está hoy en la cárcel cumpliendo condena por robar dinero destinado a la cooperación con el tercer mundo).

Esto huele cada vez peor. Y en lugar de hacer limpieza de la podredumbre, se quiere borrar a quienes lo cuentan. Tiene un nombre: censura. No hay democracia sin periodismo. Nos va la vida en ello. Ni un ataque más al periodismo libre. ¡No lo permitamos!

Pablo Herreros

Pablo es periodista y bloguero. En sus ratos libres trabaja como socio-director de Goodwill Comunicación, empresa que no se libra de él desde 1994. Activista perdido, él cree que El poder es de las personas -hasta escribió un libro con ese título- y cuando sea mayor aspira a escaparse a bailar flamenco y a volver más veces a su querida Nueva York.

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