¡Enterremos la corbata!

Tiempo de lectura: 3 minutos

Vengo de una reunión con los jerifaltes de 11811, cliente nuestro, a la que he ido vestido con unos vaqueros gastados, una camisa y, como cosa extraordinaria, una americana de terciopelo negra. En la reunión éramos una mujer y tres hombres, y ninguno llevábamos corbata. Además de currar, que también, nos hemos reído sin parar y hemos tenido un clima tan bueno que he pensado: ojalá todas las empresas para las que he trabajado tuvieran ese mismo buen rollo…

Rollo, rollo…y esto, ¿qué tiene que ver con la corbata? Pues para mí, mucho. Cuando hace 15 años empecé a trabajar en nuestra agencia de comunicación, todos los días laborables -salvo los viernes- llevaba traje y corbata. Cuando digo todos, es T-O-D-O-S. No me venía mal porque yo era un yogurín y tenía que asistir a reuniones con directores generales de los de antes, y el traje me hacía parecer por lo menos dos o tres días mayor ;). Además, hace diez años, entrar en una empresa SIN corbata era como intentar convencer al portero de una discoteca de que te deje pasar con calcetines blancos y cocido como un piojo.

723274282_ba792b67daPero de un tiempo a esta parte he tenido la suerte de, así por lo bajini, ir quitándome el muerto de llevar corbata. Y ahora que me la pongo sólo cuando tengo una reunión con gente que sé que la llevará puesta, me doy cuenta de que llevar traje y corbata me aliena, me pone de mala leche, y me hace comportarme en cualquier situación de manera más seria y menos auténtica.

La ropa comunica, y mucho

Por supuesto que si voy en determinadas situaciones con traje y corbata, es porque entiendo que el contexto será ese (no iría a una boda en bañador), pero en el mundo del trabajo me da la sensación de que el código ha cambiado. Salvo en entornos financieros y de consultoría, en política, o empresas muy grandes, etc., creo que sin decir nada nos hemos ido poniendo de acuerdo muchos hombres para liberarnos del yugo, de ir con esos uniformes laborales que nos convierten en aburridas fotocopias.

En mi caso, antes éramos una empresa de gabinete de prensa y hoy también hacemos comunicación 2.0. Pero no creo que tenga que ver con a qué nos dediquemos, sino con que hoy hay mayor permisividad hacia la gente que viste de sport en su vida laboral. No sólo eso sino que si antes el traje comunicaba seriedad y profesionalidad, hoy unos vaqueros y una americana -o una camisa, sin más- transmiten seguridad en uno mismo, se convierten en un envoltorio más natural. No hablo de ir vestido como un pordiosero y con los pantalones caídos enseñando la ropa interior, como si te faltara el monopatín. Me refiero a vestir como sueles hacerlo el fin de semana, con lo que a ti te parece que te representa mejor como indumentaria.

Tampoco creo que el cambio provenga de la época de la burbuja de internet, en la que si tu empresa no tenía un futbolín en la recepción, eras un perdedor. Ni sé si influirá que se identifique la quiebra de la confianza en la economía bursátil y las hipotecas basura con ejecutivos encorbatados…El caso es que me parece que el cambio se abre paso como forma de comunicar y como un código de conducta más acorde a los tiempos. Yo, mientras pueda, seguiré poniéndome la corbata lo imprescindible. ¿Y tú, cómo lo ves? ¡Enterremos la corbata!

¡Ah! Os dejo este post que me gustó, relacionado con el tema: Los tacones, ¿una cuestión de comunicación?

Nota: he tomado prestada la foto de Bern@t

Pablo Herreros

Pablo es periodista y bloguero. En sus ratos libres trabaja como socio-director de Goodwill Comunicación, empresa que no se libra de él desde 1994. Activista perdido, él cree que El poder es de las personas -hasta escribió un libro con ese título- y cuando sea mayor aspira a escaparse a bailar flamenco y a volver más veces a su querida Nueva York.

15 Comentarios

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    Javier octubre 02, 2009

    Y en las entrevistas de trabajo, ¿Qué?

    ¿Vestir un punto por encima de lo habitual -casual-? ¿Vestir varios puntos por encima -si sueles ir muy desarreglado-? ¿Vestir como vas siempre?

    Todo un drama.

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      Pablo Herreros octubre 02, 2009

      Buen dilema, Javier. Yo creo que en un contexto tan de primera impresión como una entrevista de trabajo, hay que extremar las precauciones y pasarse de largo antes que quedarse corto (¡ojo! no lleves pantalón corto…ni chanclas). En serio, creo que lo ideal es adaptarse y ser como Zelig, aquel personaje de Woody Allen que era como un camaleón dependiendo del contexto. Así, si vas a Mango, viste fashion y usa vaqueros; si vas a Morgan Stanley, ponte un traje con corbata y gemelos en la camisa. Y si vas a una empresa neutra, como Danone, un chandall y los tacones (arreglao pero informá ;))

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    Isabel Ramis octubre 02, 2009

    Di que si, Pablo! Yo si algún día tengo que visitar la Moncloa iré de negro, y cuando tenga reunión con altos mandatarios, eligiré los calcetines que tengan uno o dos tomates 🙂 Ahora en serio, a mi las corbatas me gustan mucho, pero claro, a mi no me toca llevarlas…

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    A mi la corbata no me gusta nada. Yo prefiero el sport, pero un punto más arreglado, como la americana que te has puesto para la reunión con el 11811. Aunque los tacones en las mujeres son más difíciles de erradicar, ya que aunque son una pesadilla, dependiendo de la altura del tacón, creo que sientan bien y para una chica bajita como yo, te suben un poco la autoestima.

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    rosa matias octubre 02, 2009

    Y ¿qué me decís de los uniformes de los coles? ¿Que comunica un niño vestido como en el siglo pasado, con corbata incluida? A las niñas también les obligan a llevar corbata, además de faldita.. ¿no es el colmo de la estupidez? ¿Y no se podría pensar en un uniforme acorde a los tiempos? vaqueros y sudadera por ejemplo…

    En fin, gracias por el link al post de los tacones!!!

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    Pachi Lanzas octubre 02, 2009

    Dos comentarios:

    1.- Espero que lo de “entornos financieros” no vaya por mí… (jejeje)
    2.- A mí me gusta la corbata. De hecho, creo que si no la lleváramos diríamos lo contrario: que hay que ponérsela aunque nos llamen cursis y estirados

    El caso es llevar la contraria y eso está bien. Pero yo, personalmente, me pongo traje de lunes a jueves. El jueves a mediodía me la quito -ahora mismo no la llevo- y el viernes, vaqueros sin ningún problema.

    Pero si un día me levanto con ganas de ponerme unos vaqueros, me los planto y ya está -suele ser el día que te llama el jefe al despacho-.

    Eso sí, el saber popular es muy sabio y ya se sabe “el hábito no hace al monje”…

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    Juan Pedro octubre 02, 2009

    A mí, personalmente, no me gustan. O, mejor dicho, no me gustan tanto como antes.

    Las modas y los usos sociales están ahí. Y como no puedo hacer nada para cambiarlos, lo que hago es optimizarlos al máximo. Cuando llevo traje lo hago por una cuestión muy específica con un objetivo muy específico. Por ejemplo, cuando voy a clase voy irreprochablemente vestido, porque la clase (la docencia) para mí es sagrada y algo muy (muy) serio. En clase, el profesor es una especie de maestro de ceremonias y tiene un rol distinto a los alumnos. Es bueno establecer distancias. Por eso, creo, debe ir vestido de una forma distinta. Evidentemente, los alumnos no te respetan más porque vayas bien vestido (te respetan cuando ven que te lo curras, que trabajas y que tienes vocación) pero nunca está de más transmitir intangibles.

    Un saludo

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    Mónica octubre 03, 2009

    Pues es verdad, debe ser muy cómodo ir sin corbata, casi tanto como ir sin tacones, sin maquillaje, sin depilarnos…

    En fin Pablo (qué difícil), me encantáis con corbata como nosotras os gustamos cuando nos arreglamos, porque no seamos cínicos, cuando tienes al lado alguien arregladito da gusto.

    Un beso

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    wellcomm octubre 03, 2009

    Gracias por la mención!
    No podemos estar más de acuerdo, ¡fuera la corbata y… sobre todo los tacones! Que estos, además de comunicar algo que podemos no ser, a veces matan.
    Un saludo!

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    Albert Medrán octubre 03, 2009

    yo como aún soy un yogurín, el traje me hace un gran servicio. Entre el traje, la barba y las gafapastas, gano unos añitos 😛

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    Alberto octubre 03, 2009

    Hace ya algunos años, Richard Branson hizo una bandera (diferenciadora como estrategia) de su “torpe aliño indumentario”. Mientras creaba compañias aéreas y discográficas, consiguió notoriedad por ser el “millonario en vaqueros”. Sin llegar a extremos, yo creo que cada tiempo tiene sus códigos, (para muestra el defenestrado alfiler de corbata..), y hoy día, salvo que sea por disciplina de empresa, pocos de los que hemos sido rehenes de la corbata la llevamos (yo sólo en funerales, bodas, y algún cliente que me consta que le da especial importancia). Manejándolo con habilidad y con cintura, la vestimenta dice mucho del que la lleva, pero más cuando él mismo define el estilo que quiere transmitir y no se encapsula en un traje gris.

    Alberto

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    Pipo octubre 20, 2009

    Creo que si no fuera por el respeto hacia el otro la mayoría nos sentiríamos más cómodos sin la corbata. He trabajado en publicidad y como financiero era el único que llevaba corbata salvo los viernes, he trabajado en un hotel de cinco estrellas y no se me ocurría vestir de otra forma que no fuera con traje, ahora trabajo en una empresa donde nadie lleva corbata excepto el financiero (yo) pero cada día la llevo menos.
    Si la gente va admitiendo la vestimenta informal los viernes, no tardaremos en que los lunes puedan ser también como viernes.

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    Alex noviembre 03, 2009

    El modelo de la empresa tradicional en que el traje+corbata es un elemento más para distanciar a unos de otros, “quedar bien” y creerse todos más importantes ha demostrado estar más caduco que un yogur de hace 3 años.

    Ahora quieren aprender a hacer amigos con eso de la “inteligencia emocional”, para que parezca que eres tú mismo sin ser tú mismo del todo.
    Personalmente, me parece un yugo moderno; una correa para que el que está por encima tenga a bien “sacarnos a pasear” (contratarnos y emplearnos), así que 100% de acuerdo con lo de la alienación. He tenido la suerte de probar el trabajo sin traje y es mucho mejor para todos. Conozco poca gente a la que de verdad le mole el traje, con lo que el supuesto propósito de servir de “distinción”, se cumple a la inversa: el que la lleva es porque tiene muy poca autoridad y no le queda otro remedio que llevarla.

    P.D.: He llegado a través de Menéame, y me ha gustado mucho el blog; me lo estoy mirando casi todo 😉

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      Pablo Herreros noviembre 03, 2009

      QUé buen resumen has hecho del “paria” en que nos convertimos todos con el maldito traje, Alex! A mí me gusta ponérmelo 3 días al año especiales. Y de hecho, esos días disfruto y elijo traje, corbata y complementos con ilusión real; lo que me jode es que sea el uniforme de trabajo, eso sí que me desespera. Pero como dices, vamos imponiendo esta otra cultura poco a poco 😉

      Gracias por los halagos, y bienvenido!

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