¿Estudiar te acerca a un SEAT? Ojalá te acerque a cosas mejores

Tiempo de lectura: 4 minutos

Yo tenía 16 años. Empecé a trabajar los veranos en el estanco de mi familia, en el número 143 del paseo de la Castellana. Cuando cumplí 17, me matriculé en la universidad por las tardes y así tuve la suerte de trabajar de 8 a 15h. Era un privilegio porque aprendí mucho de empatía, de atender bien a los clientes y de ser responsable.

Aquello me enseñó mucho para mi vida posterior de consultor. Y encima me ganaba un buen sueldo para un estudiante (50.000 pesetas, me suena recordar…). En aquellos años era, de mis amigos, el que podía invitar al resto a unas cañitas y el que alquilaba en verano un apartamento unos días para que fuéramos todos.

A cambio, me perdí siempre las partidas de mus en la mítica cafetería de la facultad de Ciencias de la Información de la Complutense, porque no tenía tiempo que perder. A las 3 comía algo rápido y me iba a la uni. Las tardes las pasaba en clase o, si era época de exámentes, estudiando (y buscándome la vida para conseguir los apuntes de las clases a las que, por estudiar, no podía ir). ¡Gracias, Mana, todavía me acuerdo de que te debo media carrera!

Esos años no fueron difíciles porque no era una ingenieria sino periodismo. Pero sí me costó algunos sacrificios. A cambio, me compré mi primer coche -un Fiat Uno pelao, aunque recién salido de fábrica- a los 18 años, con un crédito especial para jóvenes que lanzó el Banco de Santander. Creo que entonces era el antiguo Central Hispano…joder, qué mayor soy :(. Pagué el préstamo en 5 años, gracias a que tenía la suerte de tener aquel trabajo de dependiente, chico de los recados, cargador de máquinas de tabaco de los bares de la zona…desde nuestra empresa familiar.

Mis padres jamás se ofrecieron a comprarme un coche; menos aún una moto, claro. Recordaré siempre las palabras de mi padre, que hacía gala de ello: “A todos mis hijos les pago los estudios hasta donde haga falta, pero nunca un coche” (y no era poco, con ocho hijos que tuvo). Me pagaron el carnet de conducir, eso sí (porque era una herramienta útil para tu futuro e incluso para aquel trabajo en el que a veces repartía pedidos por Madrid). Si querías un coche -un capricho, para la mente espartana de un militar de vocación como mi padre– tenías que ganártelo tú.

La ocasión la teníamos en trabajar para ese negocio familiar pero, si no lo hubiéramos tenido, estoy seguro de que a mis hermanos y a mí nos habrían empujado igual a repartir pizzas o pegar octavillas en los parabrisas de los coches.

Hoy tengo 41 años y, de todo lo que me dieron mis padres, lo que más les agradeceré siempre es la educación. Todas esas enseñanzas que obtuve me hicieron madurar y aprender que en la vida lo valioso se consigue con esfuerzo. Por eso me he quedado tristísimo al escuchar en la radio un anuncio que me ha dejado el alma en los pies…

“‘Me enseñó a montar en bici‘ nunca le ganará a ‘me regaló mi primer coche‘. Tú eliges cómo quieres ser recordado. Porque ahora con SEAT, cuanto más alta sea la nota del examen de selectividad de tu hijo, más alto será el descuento que recibas para su próximo coche. Infórmate en estudiarmeacercaaunseat.com“.

¿En qué consiste la promoción? Pues al chaval le premian con un descuento de 200 euros si saca más de un 5 en la prueba de selectividad y con hasta 600 euros de descuento si saca más de un 9.

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Supongo que mi pasado me impide ser objetivo al juzgar esa campaña. Pero no puedo evitar pensar que es un error de estrategia. Cuando hablamos de que la televisión basura transmite valores dañinos, como que cuanto más maleducado, más dinero, éxito y reconocimiento tendrás en la sociedad, nos dejamos muchas cosas atrás.

Sí, la TV hace daño, pero es que las marcas tienen también una gran responsabilidad social. Sus mensajes impregnan, machaconamente, la cabeza de quienes los escuchamos, leemos o vemos en televisión. Y mensajes como este van contra el sentido común de cualquiera que haya educado a alguien.

¿De verdad algún padre puede pensar en regalarle a su hijo un coche como recompensa por aprobar…? ¿Por cumplir con su obligación? ¡Qué pobreza…! Educar es muy personal. Nadie estamos en posesión de la verdad, pues lo que te funciona a ti, con tus circunstancias, no le funciona a tu vecino del quinto, con las suyas. Pero hay cosas que son, creo, absurdas: regalar un coche -salvo que seas millonario- es un esfuerzo tan gigante para unos padres, que no me cabe en la cabeza que se pueda equiparar al esfuerzo de estudiar unos días y aprobar tu examen de selectividad.

Es lícito que una marca prefiera el tener al ser, forma parte del juego publicitario. Pero quizá en su elección, SEAT incomoda y deja fuera a gente que siente desprecio por esa visión tan materialista y tan torpe de la educación. Hay mil veces más valor en enseñar a tu hijo a montar en bici que en darle un coche (o así me lo parece al menos a mí…).

Que me perdone SEAT por juzgar su campaña, pues entiendo que alguien de la empresa presiona a alguien para conseguir más ventas y, si van por ese camino, será porque consiguen convencer a algunos padres de que hagan ese trueque de coche por selectividad. Pero es que no puedo evitar ponerme tristísimo con la sensación de que a quien le regalan un coche nuevo a los 18 años le están convirtiendo en una persona desgraciada para el futuro.

Y conste que sí sintonizo con otras campañas de la marca, como esta de la llamada o esta otra que da valor a lo vivido en un coche; pero es que la de convertir exámenes en dinero me pone tristísimo. ¿Estudiar te acerca a un SEAT? No: yo espero que estudiar te acerque a cosas muchísimo más valiosas. Como la felicidad, por apuntar alto…

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Pablo Herreros

Pablo es periodista y bloguero. En sus ratos libres trabaja como socio-director de Goodwill Comunicación, empresa que no se libra de él desde 1994. Activista perdido, él cree que El poder es de las personas -hasta escribió un libro con ese título- y cuando sea mayor aspira a escaparse a bailar flamenco y a volver más veces a su querida Nueva York.

2 Comentarios

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    Alvaro Jover Junio 20, 2015

    Por el parentesco que tenemos ambos, he recibido la misma educación a traves de mis padres (tu hermana).

    No coincido mucho en la opinión de que esto sea un valor dañino (dejando de lado el materialismo) si no mas bien al revés, “Cuanto mas estudias, mas dinero te descontamos” que es un claro a mayor esfuerzo, mayor recompensa. Otra cosa muy distinta seria si la campaña fuera: “Para que se te quite la pena del suspenso a menor nota mayor descuento”.

    Para este caso te pongo dos supuestos(en caso de que no suponga un enorme esfuerzo para los padres):

    -Tu hijo/a saca una nota muy alta, un 13 por ejemplo, en la Comunidad de Madrid le becan con 4.000 €. En este caso hablamos de alguien que no ha estado solo estudiando unos días y aprobado un examen, hablamos de alguien que se ha dejado la piel durante dos años (Bachillerato + Selectividad) que va a recibir el mayor descuento de la marca Seat y aparte si da los 4.000€ de la beca para el coche (conozco varios casos) a los padres les puede salir a un precio bastante asequible.

    – El tercer hijo saca una buena nota en Selectividad y los padres aprovechan este descuento para comprar el tan ansiado coche a compartir entre los 3 hermanos.

    Pdata: A mi mi hermano me cedió un Golf rojo matricula WN que te sonará 😉

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  2. Avatar
    Anónimo Anónimez Julio 10, 2015

    Yo creo que una capacidad siempre tiene más valor que un objeto: Me enseñó a montar en bici (o me enseño a conducir, o a lo que sea) es siempre mejor que me compró un coche, un bici, un lo que sea. Aún así creo que una bici es mejor regalo que un coche.

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