La bajeza de echar alcohol en las heridas y frotarlas después: #TodosConTeresaM4

Tiempo de lectura: 5 minutos

 

Ana Mato y Javier Rodríguez (Foto: EFE)

Ana Mato y Javier Rodríguez (Foto: EFE)

Si eres de un Gobierno y te toca la mayor crisis sanitaria de la historia reciente, tienes dos opciones: reconocer que hay muchas cosas que se han hecho fatal y tratar de recomponerte mientras intentas mejorar la gestión; o mentir, decir que todo lo hiciste bien y que son los demás quienes cometieron errores.

La mentira en comunicación te lleva siempre a perder por goleada. Jamás te recuperas de haber mentido: ya no eres digno de ser creído. Todo lo que digas después, valdrá cero. Pero si encima centras el foco de los errores no en ‘otros’ sino en una sola persona, que es además el eslabón más débil de toda la crisis y quien está debatiéndose entre la vida y la muerte por haberse contagiado, entonces es como si echaras alcohol en las heridas de todos los ciudadanos a los que gobiernas y frotaras después las heridas con un estropajo de púas de hierro.

Eso es lo que han hecho estos días los responsables de la Sanidad de España, desde la ministra Ana Mato al Consejero de Sanidad de Madrid, Javier Rodríguez, e incluso su jefe, Ignacio González. Ninguno de los tres deletrea con soltura la palabra “ética”, a tenor de sus historiales. Estos días en los que Teresa Romero lucha por vivir, ellos se han esforzado en mostrar su absoluta falta de humanidad y su bajeza al culpar a la propia víctima de su temida enfermedad. ¿Se os ocurre algo más abyecto…? “Se tocó la cara con el guante“, dicen con un tonito de ‘¡que hubiera estado quietecita!’.

La ministra dio una rueda de prensa el lunes para tranquilizar a la población que dejó a todo el mundo tiritando. Ella rezumaba inseguridad y consiguió convencernos: toda la población nos teñimos de su inseguridad. Y para colmo, eludió incluso la pregunta sobre si dimitiría, trasladándole la palabra con la vista a una de sus acompañantes. Desde entonces, ni una sola aparición pública. Y peor: su Ministerio no ha dado ni una pista que tranquilice o ayude a los ciudadanos en redes sociales, el lugar donde más se comenta con preocupación la crisis. Han estado demasiado ocupados tratando de culpar a Teresa.

Quien sí ha hablado sin parar toda la semana ha sido el Consejero de Sanidad, Javier Rodríguez. Y ha dicho cosas de la enfermera que costaría creerlas de no ser por las grabaciones de audio y vídeo de los medios. La primera, la declaración en que culpaba oficialmente a Teresa Romero de haber provocado su contagio por mala praxis y por tocarse la cara (aprovechando que ella dijo que es lo único que se le ocurre que pudo haber fallado por su parte). La pobre enfermera no sabía entonces que sus calzas no eran impermeables ni que su traje era de nivel 2 y no de nivel 4, como marca el protocolo de la OMS. Esto es lo que dijo el aún Consejero de Sanidad de Madrid:

“Nos pudo haber estado mintiendo, pero eso lo pongo yo de mi cosecha” (rueda de prensa: todos los medios)

Esta frase es la esencia de la estrategia de Sanidad: culpar a la paciente. Los hechos desnudan la acusación y la vuelven como un bumerán contra el Consejero: los protocolos, o no existían o se han incumplido por sistema por falta de coordinación de Sanidad. Todo se ha hecho tan mal -desde la no-formación a tiempo al personal sanitario a la falta de trajes adecuados- que lo más justo sería que el Gobierno acabase un día pagando judicialmente por sus acusaciones a esta persona. ¿Qué más dijo Javier Rodríguez?

“Tan mal no debía estar para ir a la peluquería” (en Onda Cero)

Esta frase se comenta sola. Es como aquella de “la culpa es de los padres, que las visten como p…“.

“Para explicar a uno cómo quitarse o ponerse un traje no hace falta un máster” (en Telecinco)

No sólo llama sutilmente idiota a una persona gravemente enferma; también desprecia el valor de la tarea más delicada del proceso de aislamiento del contagio: si fuera tan fácil, Teresa no habría cogido ébola.

“No puedo confirmar que el momento en que se quitó el traje estuviese supervisado” (en Cadena Ser)

El protocolo de la OMS dice que es obligatorio que cuando un profesional se quita el traje, haya alguien supervisándolo. Es obvio que el gobierno miente, pues todos los médicos y auxiliares han confirmado que ni se grababan en vídeo ni nadie supervisaba a quienes se quitaban los trajes.

“Si tengo que dimitir, dimitiría. No tengo ningún apego al cargo, soy médico y tengo la vida resuelta” (en Cadena Ser)

Que hable de dejar su trabajo como el que elige si hoy comerá carne o pescado es ruin y define qué concepto tiene este hombre (que no señor, pues un señor es otra cosa) del servicio público. No es que deba dimitir o deban cesarlo, sino que jamás debía haber llegado a un cargo público quien ni de lejos huele el honor que es servir a tu país. Para este tipo, su cargo tiene sentido sólo por el dinero. Es lo que se dice ser un pobre de espíritu…

En cuanto a lo de “tengo la vida resuelta“, es el remate de la soberbia de alguien a quien le resbala que haya millones de españoles que morirían por un trabajo digno. El ciudadano medio traduce su “tengo la vida resuelta” como “no soy un muerto de hambre como los que me veis por la tele.

Dada la repugnante gestión de la comunicación (y de la crisis sanitaria) que han hecho el Ministerio de Sanidad y la Consejería de Sanidad de Madrid, no tengo duda de que Ana Mato y Javier Rodríguez serán cesados o dimitirán cuando termine la crisis (según lo que sus jefes, Rajoy e Ignacio González, crean que les conviene más a ellos).

En otro momento no, pero todo se hace ya en clave electoral, y Rajoy no va a dejar escapar la única oportunidad que tiene: cobrarse la pieza y quedar como el Capitán Renault en Casablanca, con algo del estilo de…“He descubierto que aquí se reciben sobornos en forma de confetti y que llueven del cielo los jaguars y los viajes familiares”.

¡Ojalá salve su vida Teresa Romero!. Movámonos todos para ayudar a esa familia: la dignidad como sociedad sólo la recuperaremos si nos levantamos contra la vomitiva conducta inmoral de personajes como los que he citado arriba. Confío en que la vida les dé lo que merece su comportamiento miserable. De los medios, mejor ni comentamos…de cómo la TV de Cospedal frivoliza de forma asquerosa con la tragedia de Teresa, de cómo Lainformacion.com arrampla con la intimidad de la paciente, de cómo dos periodistas de El País se cuelan de forma irresponsable y nos ponen a todos en riesgo de contagio…De todo eso, mejor, hablamos mejor otro día…

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Pablo Herreros

Pablo es periodista y bloguero. En sus ratos libres trabaja como socio-director de Goodwill Comunicación, empresa que no se libra de él desde 1994. Activista perdido, él cree que El poder es de las personas -hasta escribió un libro con ese título- y cuando sea mayor aspira a escaparse a bailar flamenco y a volver más veces a su querida Nueva York.

2 Comentarios

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    Alejandro Muñiz octubre 11, 2014

    Sólo voy a comentar mi descubrimiento: el consejero es diputado desde 1987. Para tener poco apego al cargo y la vida resulta se me hacen muchos años hasta 2014 no? …

    Abrazos Pablo

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  2. Avatar
    Esther Teso octubre 13, 2014

    Efectivamente, y desde mi punto de vista todo se resume en una frase “falta de sentido común”. El sentido común, tan necesario en estos días, flojea y mucho entre los que gestionan lo público “lo nuestro”, y honestamente, espero que los débiles, aquellos que nos levantamos todas las mañanas a horas intempestivas para ir a trabajar, que llegamos a fin de mes haciendo malabares, que pagamos impuestos para que “ellos”, los “intocables” lo blanqueen y abran cuentas en Suiza, que tenemos más riesgo de contagio, porque somos ejecutores de instrucciones nefastas, que aguantamos sus insultos, su menosprecio, su prepotencia, pese a que les estamos pagando por su gestión, al menos nosotros “los ciudadanos” que somos la mayoría, tengamos el mínimo sentido común como para obviar la soberbia de estos señores y recompensar su gestión tan lamentable, en los comicios del próximo año.
    Gracias Pablo, por expresar tan bien lo que todos, o al menos la mayoría pensamos.

    Esther

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