La comunicación de hoy es líquida, transparente y ética

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Cuando un diario amanezca mañana con una exclusiva, esa información tardará apenas unos minutos en caer, como si fuera líquido, chorreando de esa página a otra, que la publicará con una ligera cita al medio original. A partir de ahí, esos dos medios y los que se irán uniendo, empezarán a competir por los clics y la publicidad que esas visitas generarán a cada uno, sin importar demasiado quién la dio primero.

Más le vale al diario ser transparente en su enfoque de la noticia, porque de lo contrario, será sentenciado a pasar vergüenza en la plaza pública 2.0 de las redes sociales. Lo mismo les pasa a las empresas: las personas hoy no aceptan la mentira, ni existe la opción de que un medio ‘amigo’ te tape algo mal hecho. En internet, cuando haces pop, ya no hay stop.

Hoy el poder es de las personas, e internet es el pegamento que nos hace poderosos. Por eso, los ciudadanos ya no aceptamos trampas, y tenemos la capacidad de que nuestra voz se escuche igual de alta o más que la de cualquier empresa o gobierno: ya no vale quién eres, sino qué dices. Si tu mensaje es compartido por muchos –seas empresa o seas persona-, volará de tuit en tuit por encima de las cabezas.

Parte de la actualidad y del contenido se desintermediaron: los usuarios lo producen, lo completan, lo comparten y lo consumen en medios sociales. Las compañías dejaron de atender solo a periodistas e inversores: hoy hablan en directo con todo el que tuitee a su marca para preguntar, criticar o alabar.

¿Qué viene después? Más transparencia, atomización y un renacimiento. Atomización porque las marcas invertirán más en potenciar todos sus canales hacia las personas (y en más transparencia), y renacimiento porque el periodismo que sobreviva, lo hará gracias a tener más independencia y contenidos sobresalientes.

Las empresas tendrán que reinventarse y ser éticas en todo lo que hacen. Ya no vale decir que haces algo: solo vale hacer lo que dices que haces (perdóname, apreciado lector, el trabalenguas). Los medios propios de las empresas son la próxima parada: la credibilidad se trabajará gracias a blogs corporativos que den noticias en primera persona, que sean una fuente de información que sustituya a la antigua nota de prensa que se enviaba a los medios.

Los medios, cada vez más, seguirán la fuente de la que mane información corporativa de empresas: sus medios propios, ya sean blogs o canales de Twitter. Adiós a que una marca o un gobierno presione a un medio. Suena iluso pero creo que es un cambio real. Hoy, y cada vez más, el poder es de las personas. La transparencia llegó y jamás se irá. Será lo que gobierne la comunicación futura, el filtro de la actualidad. No habrá forma de esconderse de la transparencia.

Provocará un tsunami en la sociedad cuando las empresas y organizaciones asuman que solo pueden ser transparentes. Entonces serán mejores. La responsabilidad social corporativa será responsable, será social y será de verdad.

Triunfarán las compañías que entiendan que su único camino para ganar dinero es ser sociales, ser queridas y respaldadas por las personas. La ética no es ya una opción, sino un requisito para ser rentable a largo plazo, para que tu empresa sea sostenible. Meritocracia y transparencia son los ingredientes de la comunicación futura. La gente solo aceptará empresas transparentes y éticas. Créetelo cuanto antes porque si no, harás el viaje andando cuando el tren ya no te espere.

Este artículo se publicó originalmente en la revista Directivos y Dirigentes, que edita ICEMD, el Instituto de la Economía Digital de ESIC, institución en la que soy profesor.

Pablo Herreros

Pablo es periodista y bloguero. En sus ratos libres trabaja como socio-director de Goodwill Comunicación, empresa que no se libra de él desde 1994. Activista perdido, él cree que El poder es de las personas -hasta escribió un libro con ese título- y cuando sea mayor aspira a escaparse a bailar flamenco y a volver más veces a su querida Nueva York.

1 Comentario

  1. Avatar
    Jaime Aparicio diciembre 10, 2016

    Algunos hemos tenido desde muy claro, hace mucho tiempo, que la ética es un requisito imprescindible para ser rentable a largo plazo. Y no me refiero sólo a la rentabilidad pecuniaria. Pero sigue habiendo una inmensidad de personas y empresas que sólo miran a corto plazo. El tiempo pondrá a cada uno en su lugar, pero eso no es inmediato en todos los sectores.

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