La familia de El Cuco quiso contratar una paliza a los padres de Marta del Castillo

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¿Os acordáis de la madre de El Cuco, el entonces menor, que fue condenado por esconder el cadáver de Marta del Castillo? El programa de Telecinco La Noria entrevistó en octubre de 2011 a esa mujer y le pagó 10.000 euros por contar, a cara tapada, su versión de unos hechos ya juzgados y por los que su hijo había sido ya condenado en sentencia firme.

Muchos recordaréis que desde este blog inicié un movimiento que quería traer ética al periodismo: pedí a las marcas que se anunciaban en aquel programa que dejasen de financiar cualquier espacio en el que se diera voz a los criminales y a sus cercanos por pisar a las víctimas. Aquel post y aquella petición dieron origen al caso La Noria, gracias al cual miles de personas nos unimos para subrayar lo obvio: que el rey iba desnudo. Los anunciantes nos escucharon y se fueron de La Noria; la cadena no dio marcha atrás en su error y cerró el programa.

Por mi parte, seguí trabajando: hice este vídeo y recogí decenas de miles de firmas para promover una ley o un acuerdo de las televisiones que evitase el pago a criminales en TV; luego visité a los grupos políticos y al Gobierno para trasladarles nuestra petición. Y eso hizo que alguien del Gobierno diera el soplo a Mediaset y esta empresa resucitase la crisis y agravase el problema poniéndome a mí una querella que me pudo arruinar la vida (3,7 millones de euros, pena de cárcel, etc.). La presión de cientos de miles de personas y de las propias marcas les hizo recapacitar y finalmente me retiraron esa querella absurda. Todo eso es prehistoria…

¿Qué ha pasado para que hoy tengamos que volver a traer este tema al blog? Algo muy grave: Acabo de hablar por teléfono con Antonio del Castillo, el padre de Marta, porque quería asegurarme de que lo que cuenta este vídeo de Espejo Público es cierto. Y sí, lo es. El vídeo que tienes bajo estas líneas narra algo atroz: los padres de El Cuco intentaron encargar a un matón que diera una paliza a los padres y al abuelo de Marta del Castillo. Por suerte, el supuesto matón era un infiltrado de la Policía.

Este tipo estuvo dos años y medio infiltrado en el entorno de la propia familia de Rosalía García Marín (la madre de El Cuco). Circunstancias casuales -que no voy a referir por si destapo algo que no deba- hicieron que ese hombre se ofreciera en su momento a la Policía como posible infiltrado. Lo aceptaron y durante esos dos años estuvo recabando información y grabando conversaciones. No se pudo ni se podrá usar nada de lo obtenido judicialmente por algo insólito, como todo lo que ha ocurrido en este desgraciado caso: la Policía no avisó en tiempo y forma al juez de esas grabaciones.

¿Por qué miles de personas nos movimos para que ninguna marca respaldase el pago a condenados por crímenes? Porque si es interesante una entrevista con un criminal, jamás debe serlo si ese criminal cobra por ello. Su testimonio queda invalidado desde que cobra por darlo. Esa mujer era la madre de un criminal y estaba también condenada como responsable legal, pues el chico era menor cuando sucedió el crimen. Ella debía 414.000 euros a que les condenó el juez por los gastos de búsqueda del cadáver de Marta. Y gracias a nuestra acción, un juez reclamó a la productora los 10.000 euros del contrato, y ese dinero al menos acabó en las arcas del Estado.

¿Qué pasó en aquella famosa entrevista? Rosalía García Marín se presentó como una madre dolida por ver hundido a su hijo. El infiltrado dice hoy de ella: “Le pregunté que qué sentía cuando veía a tanta gente buscar en el río y en el vertedero y ella me decía que sentía risa“. Miles de personas dijimos entonces que era monstruoso pagar a esta persona por permitirle ahondar el dolor de la familia Del Castillo. Hoy sabemos que además de cobrar 10.000 euros, la madre de El Cuco mintió como una bellaca e incluso ocultó -como sostiene el infiltrado- que ella misma pudo participar en el propio crimen. Sin palabras…

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Pablo Herreros

Pablo es periodista y bloguero. En sus ratos libres trabaja como socio-director de Goodwill Comunicación, empresa que no se libra de él desde 1994. Activista perdido, él cree que El poder es de las personas -hasta escribió un libro con ese título- y cuando sea mayor aspira a escaparse a bailar flamenco y a volver más veces a su querida Nueva York.

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