Lapidación 2.0: internet nos trajo el linchamiento globalizado

Tiempo de lectura: 4 minutos

No hay mayor premio ni peor castigo para el hombre que el aprecio o el desprecio de sus semejantes.

La frase -cita aproximada- es de quien fue mi mejor maestro en Ciencias de la Información (Periodismo): el antropólogo José Antonio Jáuregui. Me acuerdo de ella estos días, no solo por los cientos de casos aislados de corrupción que van desfilando por portadas (los más) y por prisiones (por desgracia, los menos), sino por tres historias recientes que ejemplifican cómo internet ha supuesto una globalización -para mal- en el mundo.

Me apasiona la transparencia que la red ha traído consigo y cómo hoy vivimos todos en una habitación con paredes de cristal que trasluce lo que hacemos. Da igual que seas carpintero, camarero, periodista, abogado o cajera de supermercado: tu trabajo se juzga y se comenta en tiempo real, te guste o no. Y a veces, tu vida. Todo bien, si no fuera por la cara B del asunto, una involución que se torna cada vez más asquerosa. Internet nos acerca más de lo que parece a las salvajes lapidaciones. Tres casos recientes nos ayudan a reflexionar:

  1. Justine Sacco se subió a un avión rumbo a Ciudad del Cabo y tuiteó una broma de mal gusto y llena de racismo: “Yendo a África. Espero no coger el SIDA. Es broma, ¡soy blanca!“. En las 11 horas que ella volaba, volaban los tuits contra su chiste –se hizo trending topic mundial-, y volaba su jefe para despedirla en cuanto conectó su teléfono al bajar del avión. Somos pirañas tuiteras, como decía Juan Gómez-Jurado.
  2. Mario García Montealegre es el chico que encontró su juegazo en patear a traición a mujeres indefensas mientras pedía ser grabado y lo subía a Youtube. Y no lo hizo una sola vez. El chaval había descubierto su vocación…
  3. Walter James Palmer es ese dentista de sonrisa deslumbrante que mató a Cecil, el león más bello de Zimbabue. No habrá nadie en el planeta -y menos en EEUU- que no haya mostrado su desprecio en redes sociales hacia el cazador. Los comentarios deseándole el final a su negocio o a él mismo se cuentan por miles. Tantos, que la policía llegó a cortar toda la manzana en la que se encuentra su clínica ante el riesgo de que lo lincharan.

¿Te caen bien las personas de esos tres ejemplos? Ese no es el tema, sino cuál ha sido el castigo que cada uno ha recibido por sus actos. Y en los tres ha sido claramente desproporcionado. Justine perdió su empleo -justísimo, teniendo en cuenta que encima era la directora de comunicación de una empresa de internet- pero es que también sufrió acoso su siguiente entidad empleadora. Como detalla este impresionante reportaje del NY Times, el estúpido tuit de Justine le arruinó la vida, igual que a las demás personas que tuvieron episodios similares.

El chaval de la patada ha tenido y tendrá un castigo mucho mayor del que le impondría un tribunal en un juicio: el desprecio de todos los que hemos visto su cobarde hazaña. Pero hay otro castigo peor, y ese no tiene parangón en tiempos de la web social: ¿Qué haría alguien a quien el tal Mario mande su curriculum? Antes de entrevistarlo buscaría en Google “Mario García Montealegre“, ¿no? Pues mira cuántas páginas de resultados sobre sus patadas hay: 180.000. Tantos cientos de miles de webs hablando de ti no las borras ni llamando al señor Lobo. Ese chico lo va a tener más difícil para encontrar trabajo que Rajoy para entender lo que dicen en inglés sus compañeros del Eurogrupo.

En cuanto al dentista de deslumbrante sonrisa, cumplirá el sueño de cualquiera: no trabajar y dedicarse solo a hacer lo que más le gusta. En su caso, parece que va a tener desde ahora todo el tiempo del mundo para su pasión por la caza, pues si aún quedara alguien en Minneapolis que pensaba ir a su consulta, el linchamiento al que le someterían solo por ser cliente del doctor-muerte le borraría las ganas y la sonrisa. De hecho, Walter James ha cerrado su consulta.

En resumen, los tres han pagado y pagarán durante años un precio gigante por sus errores -unos mayores que otros-. ¿Quién no se ha equivocado al hacer una broma de mal gusto? Está feo lo de Justine pero ¿está bien que la insulten por siempre? Las patadas de niñato de Mario son despreciables pero ¿no hay un momento en la vida en que esta persona, ya linchada, merezca que dejemos de recordarle por algo de lo que seguro que ya reniega…? Es triste que Walter matara al león más bello de África solo por diversión pero si el castigo es someterlo a él mismo a la muerte civil, ¿qué hacemos con los cazadores que matan por placer, de los que solo en España tenemos 450.000 federados…?

Somos muy valientes detrás de una pantalla. Y el cristal nos separa de los sentimientos de los demás. Empaticemos. Tenemos que volver a ser humanos. Todos. Yo soy el primero que emite un tuit de condena de un acto despreciable, pero un tuit se suma a otro y a otro, y así lapidamos virtualmente casi como los fundamentalistas islámicos apedrean a las infieles enterradas de cuello para abajo.

Lo que hacemos hoy en internet es un linchamiento en masa, una paliza virtual globalizada. ¿No estamos condenando a esas personas a nunca volver a tener una vida? ¿Y te parece justo…? Piensa qué pasaría si en vez de Mario, el que pateara tras una borrachera a una chica fuera tu hermano, del que además de su error conoces su bondad y su generosidad para ayudar a otros…o piensa directamente qué pasaría si fueras tú quien se equivoca de forma estrepitosa. ¿Merecemos el fuego eterno…?

Actualización del 11 de agosto de 2016: algunos llevan esto del karma al extremo. Un hombre ha robado el barco del cazador de Cecil, valorado en 61.000 dólares, y lo ha estrellado. Si era un robo aleatorio, nada que decir; pero si escogió ese barco por ser el del tipo al que tanta gente odia, la reflexión es interesante: desprecias a un tipo que mata a un animal bello e irrepetible y, para vengar su ‘falta de ética’, le robas su barco y lo estrellas. Robas y destrozas para hacer justicia…en lo que no deja de ser una curiosa forma de castigar la falta de ética ;).

Pablo Herreros

Pablo es periodista y bloguero. En sus ratos libres trabaja como socio-director de Goodwill Comunicación, empresa que no se libra de él desde 1994. Activista perdido, él cree que El poder es de las personas -hasta escribió un libro con ese título- y cuando sea mayor aspira a escaparse a bailar flamenco y a volver más veces a su querida Nueva York.

3 Comentarios

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    Alfonso Agosto 11, 2015

    Estoy totalmente de acuerdo con la exposición. Internet nos permite a todos ser jueces implacables de la vida de todo el mundo, de personas a las que no conocemos de nada y cuyos actos, hasta los mas nimios, nos atrevemos a sentenciar; pero nos olvidamos que internet también nos puede convertir en acusados

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  2. Avatar
    joaquin Diciembre 24, 2015

    Ostras Pablo, no puedo imaginarme a mi hermano pateando a una muchacha indefensa y seguir pensando en que es una persona empática, generosa y equilibrada.
    Creo que si en algún caso el castigo es excesivo, nuestro psicópata arrepentido debería considerarlo como su contribución generosa a la formación de otros muchos jóvenes en los condicionantes de la convivencia pacífica. La conciencia de ese fuerte rechazo social, la visualización de que hay actitudes que no hacen gracia ni son aceptables, pueden servir a otros en su aprendizaje. Mal de uno, cura de muchos.

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