Los cuatro ‘quiénes’ del caso de las tarjetas de Caja Madrid

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Black. Negras. Sucias. Impúdicas. Inmorales. Defraudadoras. De las tarjetas de Caja Madrid se ha escrito de todo. Menos una cosa, que casi se ha obviado. No se ha subrayado y creo que merece titulares: El quién, que decimos en periodismo. Pero no quién gastó, que de eso hay listas, sino quién denunció.

El caso de las tarjetas marca un antes y un después en los muchos desfalcos que la antigua caja nos ha dejado en herencia a los españoles. ¿Por qué un antes y un después? Porque todos los escándalos anteriores se destaparon por hache o por bé, pero nunca por decisión de los gestores de Bankia. Este sí. Si hoy podemos censurar y exigir que se persiga a los que, sin vergüenza, se lo llevaron crudo de nuestro cajero automático, es porque Bankia -la actual, no la de los chorizos que hubo- lo ha denunciado.

Para ser más exactos, la cadena de hechos es esta: ElDiario.es publica un correo que alude a esas desconocidas tarjetas y la lectura de ese email hace que a alguien en Bankia se le levante una ceja. Ese alguien -desconozco quién pero es irrelevante- consultaría al Presidente, Goirigolzarri, y éste le diría que adelante con los faroles, que investigara hasta donde hubiera que investigar. En vez de meter la mierda bajo la alfombra, como se hubiera hecho en épocas pasadas, el actual presidente de Bankia encarga una investigación profunda, una auditoría.

La auditoría interna descubre esos 15,5 millones de euros nuestros gastados sin pudor. Y descubre, que no sé si es aún más despreciable, que no se habían visto antes porque estaban escondidos bajo el epígrafe de “errores del servidor informático”. Ahí, Bankia contrata a unos asesores jurídicos que hacen un informe que se resume en: “la parte gastada durante la época de Bankia podéis reclamarla; la de Caja Madrid, no”.

Así que en junio alguien de Bankia descuelga el teléfono y pide a los cuatro directivos que gastaron a cuenta de Bankia que devuelvan lo que es del banco. Sin rechistar -admisión implícita de la culpa- Rato y otros tres devuelven todo lo que gastaron.

Luego, Bankia eleva su informe al FROB -o sea, al Estado, que es su máximo accionista- para que sea éste quien busque la forma de perseguir los más de 15,2 millones de la época de Caja Madrid. Finalmente, el FROB denuncia ante la Fiscalía y la noticia salta a la luz.

Hasta ahí, los hechos. Se han contado veinte veces estos días pero creo que nadie ha puesto el foco en la diferencia de que esta vez ha sido el nuevo equipo gestor de Bankia quien ha abierto puertas y ventanas. Por eso creo que hay que subrayar los ‘cuatro tipos de quiénes’ de este culebrón asqueroso jugado con nuestro dinero:

  • Quienes se forraron los bolsillos a manos llenas con las tarjetas ‘black’. Espero que paguen por ello los 86. Más aún desde que veo que ninguno ha entonado un mea culpa: todos se dicen víctimas, hablan de teatrillo y dicen que lo suyo era lo normal…Sólo merecen nuestro desprecio. Y el rigor de la Justicia y de la Agencia Tributaria…
  • Quienes encima siguieron usando esas VISA ‘black’ incluso cuando ya ni eran miembros de Caja Madrid (ni de Bankia, claro). Eso sí que dice mucho de su nivel moral. Y no son pocos, sino 28, nada menos. Hay que tener la cara de hormigón para tirar de dinero ajeno cuando encima ya ni siquiera estás dentro de la organización. Que nunca se nos olviden sus caras ni sus nombres.
  • Quienes pudiendo gastar como los demás, decidieron no hacerlo. Esos cuatro directivos también merecen ser recordados por su ética. Desconozco qué les llevó a no usar sus tarjetas ‘free’, pero su actuación merece un aplauso porque encima es la clave que deja en fuera de juego a todos los demás. Si hubo cuatro que no gastaron ni un euro, es que sí se podía hacer uno la pregunta de si era o no lícito tirar de tarjeta sucia.
  • Quienes, desde la nueva Bankia, deciden ir hasta el final y denunciar esta trama corrupta que, de nuevo les pone en el disparadero público. La marca Bankia vuelve a estar enfangada en la mente del ciudadano, y me parece muy valiente que su equipo -no queda ni uno de los tiempos corruptos- valore dar el paso y lo dé, sabiendo que eso les va a hacer parecer de nuevo corruptos. Tienen tan claro que desde mayo de 2012 gestionan desde los principios, que optan por hacer lo correcto pese a que les llueve un chaparrón que en realidad sólo debía mojar a los anteriores gestores.

Desde el punto de vista de la imagen, Bankia tiene dos problemas: uno, que no se va a creer nadie nada de ellos hasta que no demuestren que son cien por cien ajenos a la corrupta gestión que les precedió. Están en ello y el mundo financiero ya lo tiene claro, pero el ciudadano medio sólo dará credibilidad a la nueva Bankia cuando recuperemos los 22.424 milllones de euros de su rescate. Y el otro problema que tiene es, claro, el más obvio: cuando llevan dos años cumpliendo con creces el plan al que se comprometieron con Bruselas, vuelven dos casillas atrás: el escándalo de las tarjetas, cometido en los años de Blesa y Rato, vuelve a tirar por los suelos ante el imaginario colectivo la imagen de Bankia.

¿Cómo podría haber evitado Bankia que su imagen vuelva a ser portada negativa de la actualidad? De dos formas:

  1. No denunciando en público el despiporre que descubrió con las tarjetas.
  2. Con un presidente que busque más el foco y que critique abiertamente a sus predecesores. Goirigolzarri optó desde su entrada por ser discreto y dedicarse a gestionar. Como algunos jueces, prefirió que hablase su acción y no sus palabras: Nunca dio un titular negativo sobre Rato ni sobre Blesa, y eso hace que ahora la gente confunda la nueva Bankia con Caja Madrid o con la Bankia de Rato. Lo que puede ser bueno para su gestión, puede no serlo para su imagen a corto plazo. Les va a costar más tiempo que la gente se pare a mirar si son o no como los anteriores, y mientras, tendrán sobre Bankia la sombra de la sospecha…aunque se ve que les importa más el final del camino. Veremos…

Este post se publicó originalmente en El Huffingtonpost

Foto cedida por @Acidotvideo

Pablo Herreros

Pablo es periodista y bloguero. En sus ratos libres trabaja como socio-director de Goodwill Comunicación, empresa que no se libra de él desde 1994. Activista perdido, él cree que El poder es de las personas -hasta escribió un libro con ese título- y cuando sea mayor aspira a escaparse a bailar flamenco y a volver más veces a su querida Nueva York.

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