Por qué no debes hacerte fotos porno

Tiempo de lectura: 10 minutos

Señora, asustada mientras mira una pantalla de ordenadorNo, no soy cura ni tampoco soy tu madre. Esto no va de lo que hagas con tu vida, que aquí cá cuál es cá cuál… Hablamos de la parte técnica, de por qué esas fotos te pueden pasar factura cuando menos lo esperes. Estos días no paramos de ver noticias sobre el robo y la publicación de fotos de famosas norteamericanas en poses provocativas, desnudas o semidesnudas. Es una putada. No debería haberles pasado. Y por supuesto, los únicos culpables son los hijos de puta que ‘crackean-que no es lo mismo que ‘hackear‘, ¡ojo!- sus cuentas y sus móviles y lanzan al mundo unas fotos y vídeos que sólo deberían ver quienes ellas decidan. Libres somos todos de hacernos las fotos que nos dé la gana. ¡Sólo faltaba…! El título no va por lo moral sino por lo que conozco por mi vida: internet y los medios sociales. Como el tema es complejo, lo explicaré en tres versiones: la corta, la mediana y la que cuenta el final de la historia.

1. No me cuentes tu vida y dime en dos minutos por qué mis fotos en porreta pueden salir a la luz (versión corta)

Ayer, reflexionando sobre el tema, lo quise resumir en un tuit:


Para mí y para quienes me conocen o saben algo más de internet que la media, el tuit era claramente técnico. Como hubo dos o tres personas que creyeron que culpaba a las víctimas, y aunque no soy sospechoso de machismo, lo aclaro: ellas son víctimas y, como tales, completamente inocentes. Y quienes violan su intimidad son unos criminales. Punto. Internet se carga, de facto y de forma injusta, libertades fundamentales que deberían ser nuestras. Si quieres que abundemos en temas morales, hay posts que ya lo han abordado muy bien, como este de Javier Dale.

Mi post pretende ayudarte a que no te pase, seas famoso, bibliotecario o instalador de aire acondicionado. Si no quieres entrar en muchos líos técnicos, esta es la realidad del asunto: internet es imparable. Da igual que los abogados de las afectadas -como han hecho- emprendan acciones legales contra los que robaron y contra quienes publiquen las fotos. Es parar el agua con un colador. El daño ya está hecho y no tiene vuelta atrás. Lo más que conseguirán es que las fotos no estén en el escaparate de la fachada de cada tienda y a golpe de dos clics. Pero están en el estante superior al que todos llegamos si nos ponemos de puntillas (o sea, a cuatro o cinco clics en vez de a dos).

Lo explicaré con un símil de los años ’80: vas a revelar un carrete con unas fotos tuyas privadas. El de la tienda de fotografía cruza tus negativos con los de otro cliente que, casualmente, es alguien que te tiene manía y que es más malo que la quina. Así que cuelga una foto de tu cuerpo desnudo en una valla publicitaria gigante en plena autovía, por la que cada día pasan 200.000 coches. Aunque tus abogados consigan que se retire al día siguiente, miles de personas habrán hecho fotos en sus móviles. Vale, en los ’80 no había móviles, pero volvamos al presente. Ese cartel rula de whatsapp en whatsapp como los chistes de Julio Iglesias -¡Y lo sabes…!-. Así se propagó el vídeo de Olvido Hormigos. Entonces escribí ya un post que explicaba que es imposible hacer que una información o una imagen desaparezca de la Red una vez publicada. Y hasta abordé el tema en un capítulo de mi libro, El poder es de las personas.
Internet es, por definición, una copia: todo lo que publicas se copia inmediatamente en miles de sitios y por miles de motivos. Te ahorro entrar en mandangas técnicas como caché, mirrors y demás palabros.

Quédate con esto: En internet, cuando haces pop ya no hay stop.

Si tienes poco tiempo, ya puedes dejar de leer. Pero si quieres saber más, sigue…

2. No quiero ser hacker pero me pica el gusanillo de saber por qué te haces el listo (versión mediana)

Yo también lo hice. De mí sacaron y yo saqué fotos o vídeos que arruinarían a cualquiera. Antes de internet. Y hace unos años, cuando aún no era el tsunami que es hoy. Te confesaré que aún guardaba algo de eso -privado y del interés de nadie más que de quienes participamos de esa intimidad- pero fue lo primero que borré cuando hace un par de años vi mi vida amenazada por la persecución de un gigante. Borré de mis equipos cualquier foto que, fuera de contexto, pudiera usarse para hacerme daño a mí o a terceras personas. ¿Es justo? No, pues eran recuerdos míos que a nadie deberían importarle. Pero sabía -porque trabajo en comunicación digital- que estando en el foco, si a alguien le daba por acceder a mis contenidos, era muy fácil que me hicieran daño. A mí no me pasó, pero sí les ha pasado a esta serie de famosas que ven su vida expuesta sin comerlo ni beberlo.

¿Son ellas culpables de que se robe y difunda su vida íntima? Por supuesto que no. Los únicos culpables son los delincuentes y quienes publican y comparten con otros las imágenes. Y como me decía Javier Dale en una agradable charla que mantuvimos por Twitter, tenemos que abordar el asunto desde mucho antes, desde la educación. Y debemos endurecer las leyes para que esta gentuza pague con creces el daño que produce en las vidas y las carreras de personas que, para colmo, viven de su imagen pública -la que esas fotos pueden distorsionar o estropear-. Pero ni la educación ni el castigo legal soluciona el problema. Lo único que conseguiría es concienciar a muchos y que quienes delincan sean menos; pero no mitiga el dolor de las atacadas, ni borra sus fotos de la Red. Eso no tiene arreglo.

¡Bah! ¡Hay que ser tonto…a mí no me pasa! Venga, vamos a ver si es verdad. Veamos algún ejemplo. ¿Nunca te ha pasado que…?

  1. Estás criticando a alguien por email, whatsapp o SMS y en vez de mandárselo a la persona que querías, se lo mandas a la persona a la que criticabas (sí, su nombre te viene a la cabeza y fatalmente lo metes en el campo de destinatario…). Perdiste. Imagina que en vez de sólo texto, lo que mandabas eran esas fotos eróticas que en realidad eran para otra persona…
  2. Otro clásico: vas a mandar un documento a un contacto de trabajo por correo electrónico y ves que ese email lleva horas atascado en tu bandeja de salida. Entras y lo descubres: en vez de entrar en la carpeta que lo contenía y coger ese documento, diste sin querer a adjuntar toda la carpeta de 130Mb. Ahora imagina que en vez de quedarse atascada, pasa y que en ella hay fotos o vídeos íntimos. Glups…
  3. Tienes problemas informáticos y le das tu contraseña a quien te lo va a arreglar. Casualmente, la misma contraseña que tienes en todos los sitios. Dime si tienes alguna garantía de que, en su tiempo libre, no se dedique a hurgar en tus cosas…
  4. Estás hablando con tu amiga de mandarle fotos del bebé y sin querer se te va ese dedazo que tienes, que parece el cuello de un picador, y le mandas esas imágenes calientes que sólo eran para ti y para tu amante. Sí, aporreas el móvil y lo apagas. Desconectas el router y prendes fuego al salón. Pero ya no hay vuelta atrás…
  5. Una facilita: le das a tu pareja acceso a todas tus contraseñas, o compartes con él o ella desde la distancia fotos íntimas tuyas por whatsapp. No, no hace falta que tu ex sea un/a zumbado/a: basta con que las hayas mandado por whatsapp, la aplicación más insegura de mensajería de móvil. Todo lo que envíes es facilísimamente descargable por quien esté en ese momento en tu misma wifi, por poner un ejemplo tonto. Y ni siquiera hace falta un tercero: la propia whatsapp, a la que has dado permiso hasta para que maten y troceen a tu madre en lonchas finas, tiene copia de tooooodoos tus mensajes e imágenes. No, no sois dos en la conversación: hay un tercero que además no hace sus deberes. Les pasa incluso hasta a empresas gigantes como Nintendo, Facebook o Twitter, que han visto cómo sus, en teoría, inexpugnables fortalezas virtuales, eran asaltadas por ‘crackers‘.
  6. Has hecho bien todo pero no tienes contraseña en el ordenador y te lo dejas en un bar o te lo roban de un tirón por la calle o de dentro de tu maleta en un viaje. Ya está: perdiste el control sobre tu información :(.

Si no te has visto reflejado en ninguno de los seis ejemplos, entonces es que eres el hacker Chema Alonso (un fuera de serie, un buen tipo que sabe latín: entra en su blog y mira qué de cosas hacen los malos para robar información privada). Para los demás, vuelvo al resumen de la versión cortísima:

Hacerte fotos porno, NO. Internet, caca 😉. Si te las haces, es cuestión de tiempo que salgan a la luz.

3. Vaaale, pesado, cuéntame cómo me van a comer la colita y la van a enseñar en la Red (Final de la historia)

¿Qué ha pasado en el caso concreto de las decenas de fotos de Jennifer Lawrence, Kate Upton, Jessica Brown Findlay y demás actrices y cantantes asaltadas? Se está investigando pero todo apunta a que no falló Apple sino lo de siempre: el ser humano. Durante meses, un grupo de mamones se conchabaron para entrar en sus cuentas de iCloud. Lo hiceron por medio de ingeniería social y se pusieron las botas. ¿Ingenieria soqué…? Social. O lo que viene llamándose mezclar el sentido común con el conocimiento sobre la víctima y con ser más listo que los ratones coloraos.

Sí, seguro que tú no eres de los que lo hacen…pero el 99% de la gente usa para todo una misma contraseña. Y suele ser su propio nombre de pila seguido de su año de nacimiento, o el nombre de su hija al revés seguido de 1234. Muy original todo y muy difícil de adivinar. Y los crackers lo saben. Y cuando no es así, ahí entra la ingeniería social: si se hacen con la cuenta de Gmail de un famoso al que quieran robar información, ya tienen una pieza clave para construir el ataque. Entran y dicen a Gmail que han olvidado su contraseña. El sistema les hace preguntas que muchas veces ponemos demasiado fáciles: ¿En qué año naciste? ¿Cómo se llama tu mascota? ¿El nombre de tu colegio? Si eres famoso, Wikipedia tiene todas las respuestas que permitirán a un desconocido hacerse dueño de tu cuenta de correo. Una vez dentro, como Pedro por su casa. Y de paso, verá muchos correos e información cruzada con tus otros amigos y amigas famosas. De ahí, al cielo. O mejor dicho, a la nube. O iCloud, donde parece que ha sido el robo.

Oye, ¿y qué es eso de iCloud? Pues es un sistema que tienen instalados los iPhones y iPads, que hace lo siguiente: cada vez que disparas una foto con tu dispositivo, Apple guarda automáticamente una copia en la nube, en tu cuenta de iCloud. Así tienes un backup virtual, un sitio donde se te almacenan todas las fotos que vas haciendo por si en un descuido las borras de tu teléfono o pierdes el móvil. ¿Cómo se accede a ese almacen de imágenes? Pues entrando en icloud.com y metiendo tu email y tu contraseña de Apple.

Eso es lo que ha debido de pasar en este caso. Es una faena gorda para las víctimas, y muy difícil que los culpables paguen por ello. Pero hay otro culpable. En este caso, sería Apple (o Google, si usaban teléfonos con sistema Android). ¿Tienen responsabilidad en lo que ha pasado? Legalmente, no. Apple pone todos los medios para que nadie acceda a tu contenido y para que, ante la duda de un acceso desde un ordenador o móvil que no reconoce, el sistema te hace más preguntas de seguridad por si acaso.

Ok, pero no basta. Este caso nos debe servir para aprender. Y las grandes empresas de la Red deben tomar nota y cambiar. No sé cómo proteger más de lo que ya lo hacen a sus clientes, pero deben buscar formas. El problema es que pasa como cuando en un supermercado te piden el DNI al pagar con tarjeta: mucho cliente descerebrado se cabrea y le escupe a la pobre dependienta eso de “¿Tengo yo cara de delincuente?“. Eso mismo pasa en la Red: los clientes nos cabreamos cuando la Apple o Google de turno nos obligan a poner contraseñas en las que hagamos el pino puente con una mano en la oreja: odiamos y evitamos las webs que nos exigen que nuestra contraseña tenga vocales, mayúsculas y minúsculas, signos de puntuación, etc.

¿Entonces, cómo pueden mejorar nuestra seguridad sin molestarnos? Para eso están los ingenieros, que yo sólo soy un periodista. Pero por ejemplo, con los sistemas de verificación de dos pasos. Con captchas, con envíos de contraseñas por SMS a tu teléfono móvil para que completes con un pin temporal tu acceso a esa web…

Conclusión: ¿Bailarías en pelotas por tu oficina un sábado por la noche, que no hay nadie, aprovechando que tienes llaves…? Aunque seas el dueño de la empresa, corres un riesgo. Si lo haces muchos días en tu vida, alguien te pillará por casualidad alguna vez (la de la limpieza, el colega que se dejó el viernes el móvil en su mesa, el jefe workoholic…). Internet es igual: tienes todo el derecho a hacer con tu vida y tu privacidad lo que quieras. Pero para nuestra desgracia, internet puede más. No hay forma humana de parar un contenido que ya se ha expandido, por más jueces o policías que intervengan. Lo más que podemos hacer es concienciarnos todos y educar a los que vienen por detrás. Y mejorar todo lo posible la legislación y la preparación técnica de las fuerzas de seguridad. Pero aun así, la propia naturaleza de Internet es mucho más poderosa: un contenido que subes a la red jamás se borra. Siempre queda una copia. O mejor dicho: miles.

Así que mi humilde consejo es que te lo pienses cuando lo hagas; o sea, antes incluso de subir eso tan íntimo a internet o antes de compartirlo. La información digital nunca está segura. Como dicen los americanos, SHIT HAPPENS. Si te preocupa que te pase algo así, no dejes que te hagan fotos que en manos de terceros te podrían hacer daño, ni las hagas tú. Desde el primer momento perderás el control sobre ese material. Si no te preocupa, sigue haciéndolo, pero recuerda que la información digital -fotos porno especialmente- tienen vida propia gracias a la tecnología y a la torpeza y a la maldad de los seres humanos. ¿Qué, ya vas a cambiar corriendo esa contraseña de Jose1234? ;).

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Pablo Herreros

Pablo es periodista y bloguero. En sus ratos libres trabaja como socio-director de Goodwill Comunicación, empresa que no se libra de él desde 1994. Activista perdido, él cree que El poder es de las personas -hasta escribió un libro con ese título- y cuando sea mayor aspira a escaparse a bailar flamenco y a volver más veces a su querida Nueva York.

4 Comentarios

  1. Avatar
    sergiolav septiembre 04, 2014

    Bailarías en pelotas por tu oficina un sábado por la noche, que no hay nadie ?? el ejemplo correcto seria con bailar en tu casa, ya que es algo privado como es el teléfono móvil. Y claro que lo haría, es como decir, no vayas al baño a cagar tarde o temprano te pillara tu suegra.
    ¿tenemos que cortar nuestras libertades por si acaso? Es una chorrada.
    robar es robar y te pueden robar fotos en pelotas como información comprometedora de cualquier tipo, ¿por eso vas a dejar de hacer las cosas? simplemente hay que tener mas cuidado con las cosas que no quieres que te roben, como haces con las joyas que no quieres que te roben

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      Pablo Herreros septiembre 04, 2014

      Exacto, Sergio: por eso recomiendo cuidar tu privacidad. Si el símil de la oficina no te gusta, el de la casa no me mola a mí: es mucho más fácil robarte las fotos en tu cuenta de iCloud que hacerte una foto en bolas en tu casa o robarlas de tu mesilla.

      En todos los casos hablamos de robar tu legítima intimidad, pero quizá el mejor ejemplo de lo frágil que es el entorno online es compararlo con que dejes fotos íntimas en la guantera de tu coche. Tienes todo el derecho a que se te respete lo que es tuyo, y nunca serás culpable si te pasa. Pero la guantera del coche es muy accesible y corres un riesgo alto de que la gentuza te haga un daño que sería difícil de reparar.

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  2. Avatar
    Santiago septiembre 05, 2014

    Pablo

    artículo muy acertado, con el que estoy muy de acuerdo.

    Tenemos derecho a nuestra privacidad, pero si somos personajes públicos, la gente quiere saber más cosas de nosotros y le pica la curiosidad y creo, que en general, somos muy poco conscientes del riesgo real que supone tener cierto tipo de archivos en la denominada “nube”, que creo que puede equivaler a ir al baño en una cafetería y dejarse el portátil en la silla hasta que vuelvas. De este segundo riesgo somos consciente, del de la nube, probablemente por intangible, no lo somos.

    En definitiva es triste que sea así, pero lo es: si eres personaje público y quieres mantener tu privacidad, mucho cuidado con tus dispositivos electrónicos y ordenadores, vivimos en una sociedad muy imperfecta

    Saludos

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