Un trozo de la ética de lo que compras sí está en tu bolsillo

Salvados abordó el domingo la fabricación de ropa. Los consumidores podemos y debemos aspirar a una sociedad limpia de trileros. Y las empresas pueden ser responsables. Si gestionas la comunicación o la RSC de una marca, preocúpate de que tu marca haga lo que dices que hace.

El 15 de octubre de 2015 pasé por la Gran Vía madrileña camino de mi casa y, como otras veces, estaba colapsada. La Policía cortó un carril y no porque protestara un grupo de preferentistas, como tantas tardes; era porque ese día abrían la segunda tienda más grande del mundo de Primark, una marca de la que luego supe que vende camisetas a 3 euros.

Desde entonces, he pasado en moto, coche y andando por delante de la macrotienda y nunca he entrado. No desprecio a quienes compran -tengo incluso gente cercana que lo hace, claro- pero sí me impuse a mí mismo no comprar ahí. Igual que no vuelo en Ryanair, una marca que se ganó a pulso mi desprecio activo, o no compro en otras que siento lejanas en mi concepto de la vida empresarial: creo que debes tratar con respeto a la sociedad en la que ganas ganas dinero, ser justo con tus trabajadores y devolver a los que tienen menos una parte de tus beneficios.

Con esa reflexión de Primark en la cabeza me puse a ver el domingo Salvados, ese gran oasis televisivo de periodismo. El programa de #FashionVictims, sobre el mundo de la moda, prometía…Y sí: nos hizo aprender el equipo de Jordi Évole, a quien creo que habría que darle un premio a su valentía por volver a meterse en charcos peligrosísimos. Tocar la ética en la fabricación de ropa es arriesgarse a que mañana haya marcas que decidan borrarse de la parrilla televisiva y poner a Atresmedia a dieta de pan y agua.

Etiqueta de una camisa de Mango MAN, fabricada en Camboya

Etiqueta de una camisa de Mango MAN, fabricada en Camboya

Por eso tiene aún más mérito que Évole se sumergiera en una crónica periodística que -incompleta por todo lo que se deja fuera en solo una hora de televisión- fue entrando en detalles, hilo a hilo y citando marcas como H&M, Mango, Zara, El Corte Inglés, Bershka, Marks & Spencer o Cortefiel.

Especialmente mal parada salió Zara, de la que se habló en términos muy negativos. Es difícil tomar decisiones en directo cuando un programa te llama, pero el departamento de comunicación de Inditex rechazó en el último momento participar en el programa, lo que hubiera permitido a la empresa gallega dar su visión y explicar todo lo positivo que hace esta multinacional española.

Me impresionó ver lo que trabajadores y extrabajadores del textil coincidieron en señalar como prácticas sistémicas de todo un sector en todo el planeta: llevan la producción a países de Asia en los que los sueldos son ínfimos y las condiciones laborales -seis días de trabajo por semana sin vacaciones- son tales que los operarios viven en un dormitorio de 15 metros compartido entre cuatro. Ante la negativa de todas a participar, todas salieron dañadas. Error claro de su comunicación: alguien que renuncia a dar su versión es, a ojos del espectador, culpable.

Aluciné con el testimonio de alguien que dijo que vio malas prácticas también para un abrigo de 600 euros. La cosa no iba de Primark o Loewe, sino de principios, que se pueden tener o no, seas una marca cara o barata. Me da la sensación de que comprar una prenda cara no te garantiza que ayudas a que no exploten a quien la fabricó; pero comprar una camiseta de tres euros quizá sí te garantiza que, quien la hizo, no gane más que unos míseros céntimos.

Hubo frases memorables, como la de “he visto ríos del color de moda del vaquero en Occidente“, de María Alazán, otra valiente que dejó el sistema para crear su propia marca ética, Latitude. Resumí lo que aprendí viendo el programa en estos dos tuits:

Luego me quedé recordando lo contento que vine hace poco de comprarme unos vaqueros y cuatro camisas por menos de 150 euros en esas marcas mencionadas, y me sentí un poco más idiota. Todos somos incoherentes, yo el primero. Cada uno hace lo que quiera con su dinero. Compramos de forma responsable unas veces y como pollo sin cabeza otras, y no creo que nadie seamos nadie para juzgar al de al lado. Bastante jodido es tomar tus decisiones, como para opinar de las de otros…

Como cliente no puedes investigar cual Perry Mason cualquier tienda en la que compres, pero sí puedes votar -con tu dinero- a cuál das o no tu confianza. La ética es una obligación moral que cada vez más personas exigimos a quien nos vende un servicio o un producto. Y eso sí es una tendencia creciente que acabará siendo un filtro imposible de bordear. También hay quien querría elegir y no puede: comprar un producto ético a veces se da de bruces con la pirámide de Maslow.

Los españoles seguimos lejos de los europeos o los norteamericanos en nuestro nivel de exigencia ética, pero nuestros queridos políticos corruptos nos han enseñado estos últimos años de ERES, fraude en la formación, Púnica, Gürtel, etc., que podemos y debemos aspirar a una sociedad limpia de trileros que juegan con nuestras vidas y nuestro dinero a enriquecer sus miserables cuentas.

La ética nace en nosotros. Somos quien cierra un círculo que, sin nosotros, no existiría. ¿Difícil de romper? Posible: Vitaldent se chamuscó por una operación policial, pero son los clientes los que harán, con su desconfianza, que la marca no vuelva a levantar cabeza. Créetelo porque está pasando ya. La RSE no son palabras vacías. Y el giro hacia empresas más responsables no es coyuntural: a medida que los clientes exijamos principios, las compañías agacharán la cabeza y pasarán por el aro (aunque lleve aún tiempo hacer ese viaje completo).

En adelante, las empresas deben ocuparse, de verdad, de ser responsables. Si gestionas la comunicación o la RSC de una marca, no pienses en comunicar sino en hacer: solo importa lo que haces, no lo que dices que haces. Pronto veremos más ejemplos de cómo la ética dirá qué empresas mueren…pero entre tanto, hoy toca acordarse de un valiente: ¡Gracias, Jordi Évole!

Foto de Primark Gran Vía: 20 Minutos

Actualización (23/2/2016): Inditex no quiso aparecer en el programa pero parece que sí movió hilos en otros medios para que le ayuden a dar su versión y realzar todo lo bueno que, insisto, seguro que hacen por la economía mundial y española y la de los países concretos en los que producen. Sigo pensando que erraron al no aparecer en el programa en el que podían haber dado el contrapunto, pero son dueños de gestionar su comunicación como prefieran, claro. Aquí, algunos ejemplos de artículos a favor de obra:

Pablo Herreros

Pablo es periodista y bloguero. En sus ratos libres trabaja como socio-director de Goodwill Comunicación, empresa que no se libra de él desde 1994. Activista perdido, él cree que El poder es de las personas -hasta escribió un libro con ese título- y cuando sea mayor aspira a escaparse a bailar flamenco y a volver más veces a su querida Nueva York.

9 Comentarios

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    Nor7992 febrero 23, 2016

    Demoledor artículo en respuesta a @salvadostv y @jordievole #EnseñaTuEtiqueta

    “La manipulación, como la conquista a la que sirve, tiene que anestesiar a las masas con el objeto de que estas no piensen”, Paulo Freire

    Para vuestra información no de los pilares básicos del código de conducta de Inditex es asegurar que los trabajadores de sus proveedores reciban un salario digno. Clean Clothes Campaign es una de las principales alianzas de sindicatos y ONG de 16 países. En su informe ‘Tailored Wages’, subraya que “el compromiso de Inditex para trabajar con los sindicatos para aumentar los salarios, reflejado en su Acuerdo Marco Internacional, es destacable Inditex es una de las cuatro únicas firmas que se encuentran en la categoría máxima ‘On the way’.

    Ya está bien de manipulación. Cuando en su etiqueta de Zara vea ‘Made in Vietnam’, no lo esconda; al revés, llévelo con el orgullo de quien contribuye a la mejora de las condiciones de vida de los más desfavorecidos. El comercio es el mayor bien social. Aprovéchelo. Ellos se lo agradecerán.

    Leer más: #EnseñaTuEtiqueta (Inditex), la campaña manipuladora de Salvados http://blogs.elconfidencial.com/economia/big-data/2016-02-21/ensenatuetiqueta_1156223/

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      Alejandro febrero 23, 2016

      Nor7992, está bien leer el artículo, pero no hay que perderse muchos de los comentarios, que no tienen desperdicio. Tengo la impresión de que cada uno (sin excepción) cuenta la parte de la historia que le interesa en cada momento … Pero como dice Pablo, ” Ante la negativa de todas a participar, todas salieron dañadas. Error claro de su comunicación: alguien que renuncia a dar su versión es, a ojos del espectador, culpable.” No dar la cara en el momento y justificarse a través de medios que les intenten sacar las castañas del fuego no me parece acertado. Yo no pude ver el programa, y es probable que hayan dado la visión que les ha parecido mejor para sus intereses -nada nuevo en los medios actuales-, pero eso no justifica el error de comunicación de las marcas aludidas. Quien calla, otorga.

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    Princess febrero 23, 2016

    Viendo y escuchando los testimonios de las mujeres Vietnamitas cuesta pensar que haya manipulación y no sea la cruda realidad…Si Inditex contribuye a la mejora de las condiciones de vida de los más desfavorecidos desde luego no se vió ni un ápice de esa intención y las imágenes hablan por sí solas.

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    Francisco Cambronero Martínez febrero 23, 2016

    He leído hasta que has escrito esta frase: “No desprecio a quienes compran”. La simple afirmación de la misma dice mucho del grado de ignorancia de su autor en materia de capitalismo e intercambio de intereses. Ignorancia y prejuicios, muchos prejuicios: si el mundo funcionara como los buenistas quisierais, todavía seguiríamos en las cavernas.
    Bye, chavalote… Y lee un poco más!

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      Princess febrero 25, 2016

      Ni Pablo Herreros es buenista, ni deja de leer e informarse. Es su trabajo.
      Este es su punto de vista sobre el tema, y el que aquí escribes tú es el tuyo. Creo que los adjetivos y los deberes sobran.
      Con todos mis respetos.

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    Francisco Cambronero Martínez febrero 23, 2016

    ““Ébole” podría ser el nombre de la enfermedad intelectual que está devastando España y cuyos síntomas son la demagogia, la desvergüenza, la ignorancia y el “pobrismo”. Si me permiten un par de vacunas (aunque según el “ebolismo” las vacunas también es un maligno invento capitalista) lean “Los enemigos del comercio”, de Antonio Escohotado y vean el documental de Johan Norberg, “En defensa de la globalización”.”
    https://vozpopuli.com/blogs/6987-santiago-navajas-jordi-evole-contra-amancio-ortega

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    Sol febrero 23, 2016

    He visto programas similares en la televisión inglesa cuando vivía en Londres. Las grandes marcas casi siempre declinan participar. El testimonio en todos los programas es el mismo: sueldos de miseria por jornadas de trabajo abusivas y el que protesta se va a la calle. Gente viviendo de forma similar a las trabajadoras del programa de Evole. También una bloguera de moda danesa denunció estas malas prácticas (la empresa era H&M). http://www.eldiario.es/desalambre/bloguera-explotacion-fabricas-HM-Camboya_0_298520697.html
    Pero no solo pasa en países en desarrollo, recuerdo un reportaje inglés que denunciaba que la explotación ocurría también en talleres clandestinos en Reino Unido donde pakistaníes, indios, etc. son explotados por sus compatriotas en la mayoría de los casos. Otras veces no son tan clandestinos pero hay explotación: http://www.theguardian.com/sustainable-business/sustainable-fashion-blog/2015/feb/27/made-in-britain-uk-textile-workers-earning-3-per-hour
    A mí me gustaría comprar productos españoles, prefiero calidad a cantidad y miro las etiquetas pero es cada vez más difícil encontrar algo hecho aquí. Por un lado están los adictos a las compras que consumen sin importarles quien está detrás en las fábricas ni el coste ecológico. Por otro lado está el obrero con sueldos de miseria que solo puede permitirse comprar en Primark. En Inglaterra es normal comprar ropa de segunda mano, las “charity shops” están por todas partes. Yo he comprado cosas muy chulas en Oxfarm y doné mucha ropa que no me cabía cuando engordé. Y si esto pasa con el textil, el sufrimiento detrás de lo que comemos da para otros muchos programas. Saludos

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    Belen febrero 24, 2016

    Dejando al margen la temática lo cierto es que cualquier marca declinaría participar en un reportaje cuya conclusión ya se sabe de antemano que va a ser ponerla a parir diga lo que diga. Eso no es darle una oportunidad para dar otra versión, sinceramente. ¿Es un error de su comunicación o un error en la ética periodística de este tipo de reportajes?

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