Una idea para que PP y PSOE mejoren su comunicación: Echadle la culpa al boogie

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No hay nada más peligroso que un tonto a las tres. Me viene este pensamiento a raíz de un par de casos lamentables de comunicación política. El primero es un vídeo. El candidato del PP a alcalde de Albendín (Córdoba) tiene la genialidad de grabarse a sí mismo un vídeo electoral mientras conduce. Ahí lo llevas:

El hombre no se da cuenta de que está feo prestar más atención al vídeo que a la carretera, así que se forma la mundial cuando las personas normales ven el vídeo. Y pasa lo de siempre: el fenómeno borra el vídeo de Facebook y se mete muy fuerte debajo de la almohada grande del salón para que no le llegue la bulla. Pero ya sabéis que en internet, cuando haces pop ya no hay stop. Así que alguien sube ese vídeo a Youtube y ahí queda la hazaña por más que el retratao la quiera borrar.

Hasta ahí, bien. Pero ¿cómo se puede mejorar eso? Fácil: nuestro hombre sale hoy a decir que él iba en su coche pero remolcado por una grúa, y desmiente que fuera conduciendo el coche, como había creído todo el mundo:

A pesar de que en el vídeo pude oírse el motor del coche en marcha y que el propio candidato afirma que “voy rumbo al trabajo”, Malagón señala ahora que “ayer al llegar, se averió el coche y tuve que llamar a la grúa”. Así, dentro del coche, mientras es transportado por una grúa de emergencia por una carretera en obras, dice Malagón que se le ocurrió grabar el vídeo. Además, insiste en que la carretera donde se tomaron esas imágenes, la Santiago de Calatrava, “está cortada al tráfico”. “No voy conduciendo”, insiste el candidato de Albendín, quien justifica el sonido del motor del automóvil por el hecho que el “el coche va arrancado” encima de la grúa mientras esta circula “en un tramo de carretera cortada; voy encima de la grúa y ya está”.

¡Circulen, hagan el favor, que aquí no hay nada que ver! Vamos al caso número dos, muy breve: el candidato del PSOE a alcalde de Meruelo (Cantabria), se lanza en pelotas a la carrera electoral:

psoe-meruelo-1

Otro figura. No merece comentario, ni siquiera por las faltas de ortografía. Su partido ya le obligó a retirar los carteles, claro. En este caso el premio le cae al PSOE. Por probabilidad, PP y PSOE tienen muchas más papeletas de que en las municipales les salgan más tontolabas que a otros partidos.

Es difícil evitar que surjan casos así con miles de localidades y candidatos. El problema es que, dejando de lado vídeo y fotos, e incluso obviando que ninguno de los dos personajes aparenta reunir cualidades para ganar un Nobel, estos dos casos sí son representativos de un problema importante en sus partidos: a ambos les resulta difícil hacer un relato de ofertas electorales creíbles y que gusten, y más aún sacar pecho de lo realizado.

Caso distinto es el de Monago, zorro viejo que se arranca por vidierías con un rap en el que se apropia para sí todo lo bueno que tiene su tierra, y se despoja de sus viajes de dudosa ética y hasta de su pertenencia al Partido Popular:

En el PP y el PSOE están preocupados. Sus mensajes no calan como sí lo hacen los de otros partidos. Rajoy dice que quiere mostrarse más cercano en esta campaña. “Ser cercano” como estrategia. Piénsalo bien: como estrategia. Graba vídeos mirando al techo y leyendo. Y hasta viene a casa a saludarnos. Carlos Floriano lo resume en que es cuestión de piel. Chaves acusa a Podemos y Ciudadanos de hacerle “chantaje” para que deje la política con la cabeza gacha (como si tuviera culpa de que en su mandato se haya galopado en la corrupción).

Todos ellos coinciden en que sus intentos de comunicar se dan contra un muro: el de la credibilidad. La gente no les cree porque les ve culpables de que en sus partidos salgan como setas tantos casos aislados de corrupción. Son casos aislados pero que, casualmente, salen todos en el PP en general y en el PSOE de Andalucía. Pero el muro de esos mensajes de vídeo no está solo en la corrupción: lo que en ellos cuentan es mentira o se acompaña de posturas impostadas de políticos que, en su día a día, demuestran una despreocupación absoluta por los ciudadanos, a los que apelan en esos vídeos.

Otros partidos hacen lo que debería hacer cualquiera: preocuparse de hablar de lo que van a hacer si gobiernan, de qué proyectos tienen, etc. Y mientras, los candidatos del PP y el PSOE piensan no en contenidos sino en formatos. En vez de planear qué contarán, piensan en un vídeo. “Hagamos un viral“, se dirán en las reuniones de brainstorming como el que ha tenido una idea brillante. El continente como objetivo. El contenido, ya tal…

¿Qué pasa si no puedes contar nada de lo que has hecho porque se ve empañado por el mogollón de corrupciones que ha asolado a tu organización? Es como tener un bosque arrasado por las llamas e intentar convencer a la gente de que haga picnic el domingo en él. “Ser más cercano“, tiene puesto Rajoy en un postit sobre su nevera. Y se muerde el labio cada mañana al verlo porque no se le ocurre cómo acercarse a quienes ha ofendido durante años por acción u omisión. Es como no haberse acordado del cumpleaños de tu pareja durante el día y pasarte el día siguiente con el remordimiento y queriendo buscar una excusa para acercarte a felicitarla sin que se note tu ausencia.

No sé por dónde van a conseguir salir dignamente del reto de ser cercanos. Me imagino a Rajoy vistiéndose con unos vaqueros de esos de pinzas y yendo a discotecas a bailar el Blame it on the boogie de los Jackson Five para intentar parecer cool y cercano. Escalofríos me dan de pensarlo. Por cierto, que como dice la canción, lo tienen fácil para salir de esta: no le eches la culpa al sol, ni a la luna, ni a los buenos tiempos: échale la culpa al boogie.

Este post se publicó originalmente en el blog de Goodwill Comunicación, mi agencia. Suscríbete a ese blog si quieres estar al loro de los temas de comunicación que ahí tratamos. Son frescos, güenos y lo mejor: casi nunca son míos sino de gente de nuestro equipo ;). Échale un vistazo: http://www.goodwill.es/blog/

Pablo Herreros

Pablo es periodista y bloguero. En sus ratos libres trabaja como socio-director de Goodwill Comunicación, empresa que no se libra de él desde 1994. Activista perdido, él cree que El poder es de las personas -hasta escribió un libro con ese título- y cuando sea mayor aspira a escaparse a bailar flamenco y a volver más veces a su querida Nueva York.

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