¡Viva la honestidad en la comunicación!

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Hay veces en las que la gente te sorprende con su generosidad y te hace sentirte orgulloso de pertenecer a una misma especie o, como en este caso, a un mismo sector, el de la comunicación. Jorge López, Director General en España de LEWIS, una agencia de comunicación con éxito en un montón de países, ha tenido el detalle de comentar en este artículo de su blog nuestra nueva web y nuevos servicios.

Acostumbrados como estamos a que gente de cualquier sector y profesión reste valor a los méritos de los demás y ensalce los propios sin rubor, me apetece especialmente subrayar la lección que Jorge da al alabar el trabajo de sus competidores. Estoy seguro de que en su entorno tendrá quien le diga aquello de “al enemigo, ni agua”; pero igualmente, estoy convencido de que Jorge cree -como muchos de nosotros-, que en este mar de la comunicación sobra el agua para quienes lo hacen bien, por lo que a LEWIS no le resta un ápice de negocio que su responsable hable bien de un competidor. A mí me parece que su actitud le honra como profesional y denota una forma de ser que engrandece a su empresa.

Llevando este tema de la honestidad en la comunicación a otros terrenos, creo que es un valor que, desgraciadamente, no todo el mundo comparte. Si un cliente nos pregunta, la mayoría de las agencias de comunicación aconsejamos ser honestos incluso al reconocer un problema en tu organización o dar una mala noticia que te afecte (lógicamente, dependiendo de la noticia y las circunstancias). Pero muchas veces, quien tiene la decisión, prefiere ir por el camino contrario y partir de una mentira o de un no reconocimiento de la verdad, bien sea porque le acompleja decirla, porque su empresa no comulga con esta filosofía o, sencillamente, porque considera que es más rentable no dar balas a su enemigo.

En el lado contrario, el de la comunicación deshonesta, son tantos los casos que los resumiré en un sector entero: los partidos políticos. En este país, la comunicación política establece como dogma hacer sangre por sistema del partido contrario y criticar al gobierno si eres oposición o a la oposición si eres gobierno. La consigna viene a ser: “si el contrario hace algo bueno para el país, obviémoslo; si vemos la forma de criticarlo, hagámoslo sin pararnos en barras”.

Así suele ser, o así al menos lo veo desde mi prisma personal: las direcciones de comunicación de PP y PSOE, por nombrar a dos partidos que están sobrados de ejemplos negativos en este sentido, imponen esta línea de ningunear al otro equipo, e incluso afean la conducta de aquellos políticos que se atrevan a cuestionar este eje comunicativo y alaben algo del partido que los precedió en la labor que corresponda.

En definitiva, y por decisión propia y meditada de sus departamentos de comunicación, los dos grandes partidos basan su comunicación en negar sistemáticamente los aciertos del contrario. A mí me parece una mezquindad que hace que pierdan credibilidad. Pero pese a que no comulgo con esta forma de comunicar, a la vez conviene resaltar que en sus equipos hay grandes profesionales, que no creo que tomen esa decisión a la ligera.

Muchos aborrecemos ese continuo cruce de reproches –“¡y tú más!”– y esa falta de caballerosidad en la que se han hecho expertos los grandes partidos. Pero si lo hacen de manera continuada desde hace tiempo, y tienen tantos medios de sondear sus resultados a posteriori, será que creen que ser poco elegantes les resulta más rentable de cara a sus objetivos y a su electorado. Conmigo no aciertan, pues prefiero los discursos caballerosos de los jugadores de tenis cuando alaban al que les gana la final, que los reproches mezquinos en los que los equipos de fútbol niegan mérito al contrario o echan la culpa al árbitro.

Pero me pregunto y comparto con vosotros esta duda: ¿Será más rentable la comunicación desde el romanticismo, o dará mayor resultado el pragmatismo y el golpe bajo?

Pablo Herreros

Pablo es periodista y bloguero. En sus ratos libres trabaja como socio-director de Goodwill Comunicación, empresa que no se libra de él desde 1994. Activista perdido, él cree que El poder es de las personas -hasta escribió un libro con ese título- y cuando sea mayor aspira a escaparse a bailar flamenco y a volver más veces a su querida Nueva York.

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