Wikipedia es un milagro de la sociedad conectada: cuídala

Tiempo de lectura: 3 minutos

La ignorancia es atrevida y a veces faltona. Cuando alguien me viene con eso de que “Wikipedia está llena de mentiras que pone la gente“, trago saliva y cuento hasta diez. Luego me muerdo la lengua e intentando que mi sonrisa no parezca condescenciente, le cambio sus prejuicios por formación sobre este milagro de la red que cumple 15 años estos días.

He participado en pocos artículos, pero soy uno de los 73.000 editores activos de Wikipedia y un orgulloso donante que pone dinero cada año para que la mayor enciclopedia de la historia nos siga alumbrando y se mantenga cuando nosotros ya no estemos. Por eso me tomo mal que alguien descalifique algo que es tan bueno para el mundo y que representa la misma esencia de internet: la colaboración altruista de miles de personas que aportan su conocimiento para que todos ganemos. Porque además, la satisfacción íntima de aportar conocimiento tiene cero reconocimiento, ya que apenas es visible quién ha hecho o colaborado en un artículo (salvo que sepas mirarlo).

Cada mes, más de 500 millones de personas entran en Wikipedia a ver alguno de los 38 millones de artículos escritos en 287 idiomas. ¡500 millones de mujeres y hombres, cada mes! Es el 7º sitio web más visitado del planeta. Solo en español, hay más de 1,2 millones de artículos. Y todo se hace gracias a donaciones de dinero y de tiempo por parte de personas de cientos de países.

Si eres de los que aún tiene en la cabeza eso de que es muy fácil colar una mentira en Wikipedia, léete este artículo en el que expliqué que trolear la Wikipedia es como un grafiti en un edificio público: dura lo que tardan en borrarlo. Sí, se puede colocar una mentira en Wikipedia, pero el funcionamiento de esta página es justo lo que evita que haya nada en ella que no esté justificado.

La verdad y el ánimo de compartir conocimiento es lo que nos une a todos los que participamos editando y creando artículos en esta comunidad. Si algo no está documentado suficientemente o es directamente mentira, siempre hay un editor que se ocupa de cambiarlo y, si es fruto de la mala fe de alguien, ese alguien acaba siendo expulsado para que no pueda volver a pintarrajear en la enciclopedia.

Si el error o la falsedad están en un artículo menor, se tarda más en corregirlo; y si es en uno de viva actualidad o de un personaje público, lo hacemos en minutos, como en este ejemplo. Y si el vandalismo persiste -como en el caso de políticos- se blinda ese artículo y solo se puede editar con un duro filtro que impide cambios injustificados. Claro que hubo, hay y habrá gazapos, porque es imposible cuidar de un jardín con 38 millones de flores sin que alguna se marchite. Pero son errores menores y temporales y fruto de que es una herramienta viva y que puede ser ampliada en directo.

Todos podemos editar información -ahí está el riesgo de que algo sea inexacto-, y por supuesto hay margen para que alguien exagere o mienta en un artículo sobre un tema menor. Es una enciclopedia viva -a diferencia de las que teníamos de pequeños en la estantería- y que crece con 7.000 nuevos artículos cada día. Pero en conjunto, Wikipedia no solo es fiable sino que es un regalo que sus creadores nos hicieron a ti y a mí, y a nuestros hijos y nietos…

Si pienso en aquella Larousse de mi infancia, tengo claro que Wikipedia tiene miles de veces más información de valor, pero algo aún más importante: Wikipedia es la enciclopedia que millones de personas no tuvieron y hoy sí, el libro al alcance de un dedo que democratiza el conocimiento y hace que este llegue a cualquier rincón, por pobre que sea.

Así que si alguna vez oyes a alguien despotricar de esta fuente de saber, haz lo que harías si le ves destrozar una escultura: dile que si ve fallos, los arregle, que se anime a donar dinero a la fundación sin ánimo de lucro que sostiene Wikipedia y que en vez de tocarnos las narices, colabore por tener una enciclopedia aún mejor. ¡Gracias!

Pablo Herreros

Pablo es periodista y bloguero. En sus ratos libres trabaja como socio-director de Goodwill Comunicación, empresa que no se libra de él desde 1994. Activista perdido, él cree que El poder es de las personas -hasta escribió un libro con ese título- y cuando sea mayor aspira a escaparse a bailar flamenco y a volver más veces a su querida Nueva York.

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